
Jesús nos enseña dónde debe estar nuestro tesoro.
Haz de Dios tu mayor riqueza para que tu alma nunca pierda el camino de regreso a Él.
Recuerda que la vida del alma es eterna. Por eso, vigila tus pensamientos, sé prudente con tus palabras y examina tus acciones.
Dios acompaña el camino que eliges recorrer. Elige, entonces, el camino de la vida.
La ventana del alma
«La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en tinieblas.»
Muchos creen que Jesús estaba hablando simplemente de la vista, pero su enseñanza apunta a algo más profundo.
El ojo representa la conciencia con la que observamos la realidad.
Dos personas pueden vivir exactamente la misma situación y experimentar mundos completamente diferentes. Una encuentra motivos para agradecer; la otra encuentra motivos para quejarse. Una descubre oportunidades; la otra solo ve obstáculos. Una percibe la presencia de Dios; la otra siente abandono.
La diferencia no está en el mundo exterior. La diferencia está en el ojo con el que miran.
La cábala enseña que la creación está llena de Luz divina. Sin embargo, cada alma percibe esa Luz según el estado de su conciencia. Cuando el corazón está dominado por el ego, la codicia, el resentimiento o el miedo, la Luz sigue estando allí, pero la persona ya no puede verla con claridad.
Por eso Jesús habla de un ojo sano y de un ojo enfermo.
Un ojo sano no es el que ve más cosas. Es el que ve con verdad.
Ve propósito donde otros ven caos.
Ve aprendizaje donde otros ven castigo.
Ve provisión donde otros ven escasez.
Ve la mano de Dios donde otros solo ven circunstancias.
Cada pensamiento alimenta esa mirada. Cada palabra la fortalece. Cada acción la confirma.
Con el tiempo, la persona termina viviendo dentro de la realidad que ha aprendido a contemplar.
Por eso la pregunta importante no es qué estás mirando, sino desde dónde lo estás mirando.
Porque el ojo no solo observa el mundo.
El ojo crea la ventana a través de la cual el alma lo experimenta.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,19-23):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»
Palabra del Señor.