
¿Buscas a Jesús para que sea tu guía siempre?
¿Lo buscas por amor, o solo lo buscas cuando tienes necesidades?
¿Qué llevas dentro de tu corazón?
Buscar a Jesús en el lugar correcto
Cuando María y José perdieron a Jesús, lo buscaron durante días con angustia. Recorrieron caminos, preguntaron a las personas y revisaron los lugares donde pensaban que podía estar. Sin embargo, Jesús no estaba donde ellos esperaban encontrarlo; estaba en la casa de su Padre.
Este pasaje nos revela un misterio espiritual profundo. Muchas veces buscamos la presencia de Dios en las cosas externas: en las circunstancias, en los resultados, en las bendiciones o en la solución de nuestros problemas. Pero el alma solo encuentra verdadera paz cuando vuelve a la Fuente de donde proviene toda luz.
La cábala enseña que el ser humano posee una chispa divina que anhela regresar constantemente a su origen. Esa chispa busca al Creador aun cuando la mente está distraída por las preocupaciones del mundo. Por eso Jesús, incluso siendo niño, se encontraba donde su alma sabía que debía estar: cerca del Padre.
La pregunta entonces no es solamente si buscamos a Jesús, sino desde dónde lo buscamos. ¿Lo buscamos por amor o únicamente cuando tenemos necesidad? ¿Lo buscamos para recibir algo o porque reconocemos que Él es el camino que conduce a la plenitud del alma?
Cuando el corazón busca a Dios solo por interés, la búsqueda termina cuando la necesidad desaparece. Pero cuando lo busca por amor, descubre una conexión que permanece en toda circunstancia. Entonces la relación con Dios deja de depender de lo que recibimos y comienza a sostenerse en lo que Él es.
Así como María y José encontraron a Jesús en el Templo, también nosotros debemos aprender a buscarlo en el santuario interior de nuestra conciencia, allí donde la luz del Padre sigue hablando en silencio. Quien aprende a encontrar a Jesús en ese lugar descubre que nunca estuvo realmente perdido; era el corazón el que necesitaba regresar a casa.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-51):
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Palabra del Señor.
Que hermoso es ver y sentir la vida de Jesús tan entre nosotros