
Jesús nos conforta y nos fortalece con la gracia que recibimos por la fe. Por la misericordia de Dios, nuestros pecados son perdonados y somos liberados de la culpa.
Para recibir ese perdón solo necesitas tener fe y seguir adelante, caminando hacia la vida eterna.
Perdonemos también de corazón las ofensas de nuestros hermanos, para que nosotros también experimentemos la liberación y vivamos en la gracia de Dios.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La esperanza también es una decisión del alma
Cuando Jesús anuncia el perdón de los pecados, no solo habla de una absolución espiritual. También nos invita a dejar de identificarnos con nuestras caídas y a recordar quiénes somos delante de Dios.
La cábala enseña que la Luz del Creador nunca deja de irradiar sobre el alma. Muchas veces no percibimos esa luz porque nuestra propia conciencia se cubre de culpa, miedo, resentimiento o desesperanza. El problema no es la ausencia de la Luz, sino los velos que nosotros mismos levantamos.
Por eso, la fe también es una forma de mirar.
Cada día podemos elegir si contemplamos nuestra vida con un ojo negativo, viendo únicamente los errores, las pérdidas y aquello que falta, o con un buen ojo, reconociendo que incluso en medio de las pruebas Dios sigue obrando y preparando nuestro crecimiento.
La esperanza no es ingenuidad. Es una semilla espiritual que debe sembrarse y cultivarse todos los días. Cada pensamiento lleno de confianza, cada palabra de gratitud y cada acto de perdón abre un espacio para que la Luz vuelva a manifestarse en nuestra vida.
Quien permanece aferrado a la culpa termina viviendo desde el pasado. Quien acepta el perdón comienza a construir desde el futuro que Dios le promete.
Del mismo modo, cuando perdonamos a nuestros hermanos, no solo los liberamos a ellos; también rompemos las cadenas invisibles que mantenían cautivo nuestro propio corazón. El perdón permite que la energía del amor vuelva a fluir y restaure aquello que el resentimiento había detenido.
No alimentes la desesperanza. Siembra esperanza en tu interior. Educa tu mirada para descubrir el bien incluso cuando todavía no lo ves plenamente. La realidad comienza a transformarse cuando la conciencia aprende a contemplarla desde la confianza y no desde el temor.
Porque allí donde una persona conserva la esperanza, la Luz siempre encuentra una puerta para entrar.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,1-8):
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.»
Algunos de los escribas se dijeron: «Éste blasfema.»
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados están perdonados», o decir: «Levántate y anda»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados.»
Dijo, dirigiéndose al paralítico: «Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.»» Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Palabra del Señor.