El Evangelio nos dice que quien cree en Jesús no será juzgado. Por eso, debes comprender que creer en Jesús es seguirlo, y seguir a Jesús es vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

Este mundo material está regido por las leyes espirituales del mundo superior, donde se realizan los juicios divinos sobre nuestro actuar terrenal. Jesús vino al mundo para enseñarnos cómo vivir de manera que no caigamos bajo esos juicios. Por ello, quien le cree, es decir, quien sigue su ejemplo de vida, no será juzgado.

Por eso también dice que quien no cree ya está juzgado, pues a Dios no se le puede engañar.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea contigo.

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,16-18):

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor.

 

Creer es caminar en la Luz

Cuando Jesús dice que quien cree en Él no será juzgado, nos revela un misterio espiritual profundo. En la sabiduría de la cábala, la Luz divina fluye constantemente sobre la creación, pero cada alma decide si se acerca a ella o se aparta de ella mediante sus pensamientos, palabras y acciones.

Por eso, creer no es solamente aceptar una idea con la mente. Creer es adherirse a la verdad y permitir que esta transforme la vida. Creer en Jesús es seguir sus enseñanzas, caminar por sus senderos, amar como Él amó, perdonar como Él perdonó y vivir conforme a la voluntad del Padre.

El juicio divino no es un castigo arbitrario. Es la consecuencia natural de nuestra relación con la Luz. Cuando una persona vive en armonía con los principios espirituales enseñados por Jesús, se acerca a la Fuente de la vida y recibe su bendición. Pero cuando rechaza la verdad y transgrede las leyes espirituales, se aleja de la Luz y experimenta las consecuencias de esa separación.

Por eso el Evangelio dice que quien no cree ya está juzgado. No porque Dios desee condenarlo, sino porque al apartarse de la Luz permanece en las sombras que él mismo ha elegido. Dios envió a su Hijo por amor, para mostrarnos el camino de regreso, para enseñarnos a vivir en rectitud y para que toda alma tenga la oportunidad de unirse nuevamente a la presencia divina.

Cada acto de amor, cada acto de fe y cada obediencia a la verdad son pasos hacia la Luz. Quien sigue a Jesús no vive bajo el temor del juicio, porque ha comenzado a caminar por el sendero que conduce a la vida eterna.

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