Vive una vida sin miedo, haciendo el bien y reconociendo que es Dios quien sostiene todas las cosas. Nada escapa a Su conocimiento ni a Su voluntad. Por eso, sigue a Jesús como tu guía, y hallarás descanso para tu alma.

Vive una vida sin miedo, pero teme a Dios.

El temor que libera

Jesús dijo:

«No tengan miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.» (Mateo 10, 28)

A primera vista, estas palabras parecen una invitación al coraje. Sin embargo, en un nivel más profundo, Jesús está revelando un principio espiritual que transforma por completo la manera en que vivimos.

La mayoría de los miedos nacen cuando olvidamos quién gobierna la realidad. Tememos perder dinero, oportunidades, relaciones, prestigio o incluso la propia vida porque creemos que el mundo visible tiene la última palabra. Pero Jesús nos recuerda que existe una autoridad superior que sostiene todas las cosas.

La cábala enseña que nada existe separado de la Voluntad del Creador. Cada acontecimiento, cada encuentro y cada desafío forman parte de una arquitectura invisible que conduce al alma hacia su corrección y crecimiento. Cuando la conciencia comprende esto, el miedo comienza a perder fuerza.

Por eso Jesús no dice simplemente: «No tengan miedo». También enseña: «Teman a Dios». No se refiere a un temor de castigo, sino a una profunda reverencia hacia la Fuente de toda existencia.

Existe una diferencia enorme entre vivir temiendo al mundo y vivir temiendo a Dios.

Quien teme al mundo se convierte en esclavo de las circunstancias. Sus decisiones dependen de la aprobación de otros, de las noticias, de la economía o de aquello que podría perder.

Quien teme a Dios se vuelve libre. Ya no pregunta: «¿Qué dirán de mí?», sino: «¿Estoy caminando de acuerdo con la voluntad del Creador?». Su brújula deja de estar afuera y comienza a estar adentro.

Jesús lleva esta enseñanza aún más lejos cuando afirma que ni un gorrión cae a tierra sin que el Padre lo permita y que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. Estas palabras revelan una verdad extraordinaria: la Providencia está presente incluso en los detalles que consideramos insignificantes.

Desde esta perspectiva, el universo deja de parecer un lugar caótico y se convierte en un escenario donde la Presencia Divina opera continuamente, aun cuando nuestros ojos no logran percibirla.

La verdadera fe no consiste en creer que nunca habrá dificultades. Consiste en saber que ninguna dificultad puede separarnos del propósito de Dios.

Por eso el discípulo de Jesús está llamado a vivir sin miedo, haciendo el bien, hablando la verdad y caminando con rectitud. No porque el mundo sea seguro, sino porque sabe que su vida descansa en manos de Aquel que gobierna todas las cosas.

Cuando el temor al mundo desaparece y es reemplazado por la reverencia al Creador, el alma encuentra descanso.

Y allí comienza la verdadera libertad.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,26-33):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor