
Jesús nos dice: «Tratad a los demás como queréis que ellos os traten».
Si crees en sus palabras, comienza por vivirlas. Sé honesto, amable y bondadoso con quienes te rodean. Lo que siembras en el corazón de los demás termina floreciendo también en tu propia vida.
Recuerda que existe un solo camino que conduce a la vida, y que nada es más valioso que la salvación del alma.
La puerta estrecha de la conciencia
Jesús nos dice que tratemos a los demás como queremos ser tratados, que no demos las perlas a quien no puede valorarlas y que entremos por la puerta estrecha. A primera vista parecen enseñanzas distintas, pero en realidad revelan un mismo secreto espiritual.
La cábala enseña que el mundo que experimentamos no es solamente una realidad externa. También es un reflejo de la conciencia desde la que vivimos. Cada pensamiento, cada palabra y cada acción emiten una influencia que regresa a nosotros de una forma u otra. Por eso Jesús resume la Ley y los Profetas en una sola enseñanza: tratar a los demás como deseamos ser tratados.
No se trata únicamente de una norma moral. Es una ley espiritual. Cuando una persona siembra bondad, misericordia y verdad, abre canales para que esas mismas energías fluyan hacia su vida. Cuando siembra egoísmo, juicio y dureza, fortalece esas mismas fuerzas en su realidad.
Pero Jesús añade algo más. Habla de no arrojar las perlas a los cerdos. Desde una mirada mística, las perlas representan la sabiduría divina. No toda persona está preparada para recibir una enseñanza en un determinado momento. La luz necesita un recipiente capaz de contenerla. Cuando intentamos imponer una verdad a quien no está dispuesto a recibirla, la enseñanza pierde su propósito y genera resistencia en lugar de transformación.
Por eso el verdadero maestro no obliga. Siembra. Comparte. Espera. Confía en que cada alma tiene su propio tiempo para despertar.
Finalmente, Jesús habla de la puerta estrecha. La mayoría busca el camino amplio porque resulta cómodo para el ego. La puerta estrecha, en cambio, exige vigilancia interior. Requiere observar nuestros pensamientos, corregir nuestras intenciones y asumir responsabilidad por nuestra propia conciencia.
La puerta estrecha no es un camino de sufrimiento; es un camino de transformación. Es el sendero que conduce desde la reacción hacia la conciencia, desde el ego hacia el alma, desde el deseo de recibir solamente para uno mismo hacia el deseo de convertirse en un canal de bendición.
Muchos buscan cambiar el mundo. Jesús nos enseña algo más profundo: cambiar primero la conciencia desde la que observamos el mundo. Porque cuando la conciencia se transforma, también se transforma la creación que emerge de ella.
La puerta estrecha es pequeña porque solo puede atravesarla el alma. El ego siempre intenta quedarse afuera.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,6.12-14):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»
Palabra del Señor.