
Jesús nos enseña que Dios es justo y bueno; por eso, debemos aceptar su voluntad con agradecimiento. Eso es la fe: creer en Dios, sabiendo que lo que Él nos provee es lo que necesitamos.
Cuando nos comparamos y envidiamos lo que Dios les da a los demás, es como si le dijéramos que no es justo. Es como si estuviéramos reclamándole por aquello que nos ha dado.
Recuerda: Dios no te debe nada, pero puede darte todo. Más bien, agradece por lo que tienes y vive en oración.
Nadie recibe menos porque otro reciba mas.
La enseñanza de Mateo 20,1-16 toca un punto muy profundo del alma: la comparación. Los trabajadores que llegaron primero no se sienten agradecidos por haber recibido lo acordado; se sienten ofendidos porque otros, habiendo trabajado menos, reciben lo mismo. Jesús lleva así la mirada desde lo que creemos merecer hacia la forma en que percibimos la abundancia de Dios.
Desde la sabiduría de la cábala, podemos leerlo como una lucha entre la conciencia de escasez y la conciencia de abundancia. Cuando miramos lo que otro recibe, dejamos de percibir el Shefa, el flujo de vida que ya está llegando a nosotros. La comparación convierte la bendición en carencia.
Y aquí está, el secreto de la reflexión: Dios no reparte su amor según nuestra medida de mérito. El Shefa no es un salario que podamos exigir; es un flujo que recibimos de acuerdo con nuestra capacidad de convertirlo en bien.
La envidia aparece cuando creemos que la bendición del otro disminuye la nuestra. Pero la abundancia divina no funciona así. Que otro reciba no significa que a ti te hayan quitado algo.
Incluso la frase «¿No puedo hacer con lo mío lo que quiero?» nos confronta con una verdad incómoda: muchas veces no sufrimos por lo que nos falta, sino porque creemos que Dios debería administrar la realidad según nuestro sentido de justicia.
La cábala diría que allí hay un trabajo interior: transformar la mirada. Pasar de “¿por qué él tiene eso y yo no?” a “¿cómo puedo recibir con gratitud lo que Dios ha puesto hoy en mis manos?”
Ese cambio no es pequeño. Es un tikún de la conciencia.
Porque cuando dejamos de compararnos, dejamos de reclamarle a Dios por la vida de los demás y comenzamos a reconocer la nuestra. Y entonces aparece una forma más profunda de fe: confiar en que lo que llega a nuestra vida también forma parte del camino de nuestra alma.
Quizás por eso Jesús termina diciendo que «los últimos serán primeros y los primeros, últimos». No está enseñando una competencia para llegar primero. Está desmontando precisamente esa lógica.
Ante Dios, la vida no es una carrera contra los demás.
Tu bendición no necesita ser mayor que la de otro para ser suficiente para ti.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 20,1-16):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.» Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»
Palabra del Señor.