Jesús te invita a seguirlo para que tengas una vida nueva, aprendiendo a caminar en la fe y a vivir una vida llena de amor.

Sigue a Jesús, para que, a través de sus enseñanzas, sane tu corazón.

Deja el pasado atrás y ten presente que lo que ya pasó ocurrió porque así lo permitió Dios. Recuerda siempre que Dios quiere que seas feliz.

Todo es para bien.

El llamado que renueva el alma

Hay un momento en la vida en que el alma escucha una voz silenciosa que la invita a levantarse y caminar distinto. No es un llamado exterior, es un movimiento interior: la neshamá recordando su origen. Cuando esa voz se escucha, ya no es posible seguir viviendo igual.

La sabiduría de la cábala enseña que el alma desciende a este mundo con una misión precisa. Nada es accidental. Cada encuentro, cada herida y cada pérdida contienen chispas de luz esperando ser reparadas. Seguir el llamado divino es comenzar el tikkun: el proceso de ordenar lo que estaba disperso y devolver el corazón a su centro.

Aprender a vivir en la fe no es huir del mundo, es habitarlo con sentido. Cuando el alma se alinea con la voluntad de Dios, la vida se llena de amor y el corazón comienza a sanar. La sanación no siempre cambia las circunstancias, pero transforma la manera de habitarlas. Ahí nace la verdadera libertad.

Dejar el pasado atrás no significa olvidarlo, sino comprender que incluso lo que dolió fue permitido para conducirnos a este instante. En la cábala, el tiempo no se pierde: todo puede ser elevado, todo puede ser redimido. Por eso el alma encuentra paz cuando acepta que Dios desea su alegría y su plenitud.

Hoy, en medio de tu vida tal como es, la invitación sigue viva. No exige perfección, solo apertura. No pide explicaciones, solo confianza.

Dios te llama hoy.
A una vida nueva.
A caminar en la fe.
A permitir que la Luz sane tu corazón.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,12-23):

AL enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retirá a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Palabra del Señor