
Jesús nos enseña que el alma no desciende por accidente, sino por propósito. La lucha no vino a destruirte, sino a revelarte. No se trata de reaccionar, sino de permanecer en Dios. En el silencio interior, el alma se vacía y la Luz encuentra espacio. No corras. No fuerces. Cuando el alma deja de resistir… Dios la llena.