Confía en Dios, creyendo que es tu Padre, que está en el cielo y provee todo.

Jesús nos revela que todo lo que pidamos al Padre en su nombre se nos dará.

Por eso, pide la fe, porque para quien tiene fe, todo es posible.

Vive con fe, de acuerdo con lo mandado, y así vivirás en el Reino de Dios desde esta tierra, recordando que hay una ley espiritual de medida por medida, como nos lo revela Jesús cuando nos dice:

«Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».

Cuando la fe abre las compuertas del cielo

Hay un punto secreto en el alma donde la súplica deja de ser palabra y se convierte en vibración. Allí, en lo profundo del corazón, nace el clamor que asciende por los mundos, atraviesa los velos y toca las puertas de la Luz Infinita. No se trata de pedir desde la carencia, sino de recordar desde la certeza: todo ha sido dado, y todo espera ser revelado.

La fe es el recipiente. Sin fe, la abundancia se derrama y se pierde; con fe, incluso una gota se convierte en océano. En el lenguaje de la cábala, la fe es el kli, el vaso que puede contener la bendición. Quien cree, ensancha su vasija; quien duda, la estrecha. Por eso, pedir fe es pedir expansión del alma, es solicitar la capacidad de recibir sin temor y sin límites.

El que vive en fe camina alineado con las sefirot, armonizando su voluntad con la Voluntad superior. En su andar, la misericordia de Jésed se equilibra con la justicia de Guevurá, y ambas se unifican en la belleza de Tiferet, donde el corazón aprende a amar con verdad. Así, cada acto se vuelve una oración, y cada oración, un acto creador.

Existe una ley antigua que sostiene el tejido del universo: midá kenegued midá, medida por medida. No como castigo, sino como espejo. Lo que entregas, regresa; lo que siembras, florece. Dar es abrir; retener es cerrar. Quien bendice, se convierte en canal de bendición. Quien perdona, libera ríos de sanación. El mundo interior y el exterior se reflejan mutuamente, como dos aguas que se buscan para ser una sola.

Cuando el ser humano aprende a tratar al otro como desea ser tratado, restituye el orden perdido. En ese gesto sencillo se repara el mundo, se realiza el tikkun, y la Presencia divina, la Shejiná, encuentra un espacio donde habitar. Entonces el Reino deja de ser promesa futura y se manifiesta como experiencia viva, aquí y ahora.

Vivir así es morar en el misterio. Es caminar sabiendo que cada paso es sostenido, que cada anhelo escuchado, que cada latido participa del pulso eterno. Y en esa confianza silenciosa, el alma aprende que pedir no es implorar, sino recordar quién es, de dónde viene y hacia dónde retorna: al corazón del Infinito.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,7-12):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».
Palabra del Señor.

La Ley Espiritual de Medida por Medida: Pide y Recibirás

En el Evangelio de Mateo (7,7-12), Jesús nos da una enseñanza poderosa sobre la confianza en Dios y la ley de reciprocidad espiritual:

«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.»

Jesús nos enseña que Dios, nuestro Padre celestial, es el proveedor de todas nuestras necesidades. Sin embargo, para recibir, primero debemos pedir con fe. Esto nos recuerda que la relación con Dios no es pasiva, sino activa: debemos acercarnos a Él con confianza, con la certeza de que Él nos escucha y nos da lo que realmente necesitamos.

La Sabiduría de la Cábala: Medida por Medida

En la Cábala, este principio se conoce como Midá Kenegued Midá (medida por medida). Es un concepto que aparece en la Torá y que nos enseña que nuestras acciones generan respuestas en el mundo espiritual. Lo que damos, recibimos; lo que sembramos, cosechamos.

Jesús reafirma este principio cuando nos dice: «Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas». Aquí nos revela que la forma en que tratamos a los demás determina lo que recibimos en la vida. Cuando actuamos con bondad, generosidad y amor, esas mismas bendiciones regresan a nosotros.

El Secreto de la Abundancia Espiritual y Material

La Cábala enseña que la abundancia no es solo material, sino también espiritual. La verdadera riqueza viene de vivir alineados con la voluntad de Dios, cumpliendo Su propósito. Si pedimos fe, sabiduría y amor, recibimos estas bendiciones en mayor medida.

Por eso, Jesús nos invita a pedir con fe, pero también a actuar conforme a la justicia divina. Si queremos recibir el bien, debemos darlo primero. Si buscamos la bendición, debemos convertirnos en canal de bendición para otros.

Dios no nos niega nada bueno, pero Su ley espiritual nos recuerda que recibimos en la misma medida en que damos. Por eso, confiemos en Él, pidamos con fe y vivamos según Su Palabra, sabiendo que en su infinito amor, Él nos dará mucho más de lo que podemos imaginar.

Oración

Amado Dios, hoy me acerco a Ti con fe, sabiendo que eres mi Padre y que provees todo lo que necesito. Enséñame a pedir con un corazón puro, a confiar en Tu amor y a vivir conforme a la ley de medida por medida. Ayúdame a dar lo mejor de mí a los demás, para que así pueda recibir Tu gracia en abundancia. En el nombre de Jesús, Amén.