Sé prudente y, al actuar, deposita tu confianza en Dios, meditando siempre en lo que Él quiere para ti, para que así no caigas en faltas ni tribulaciones.

Sigue a Jesús de corazón, actuando como Él nos enseña y viviendo en el amor. Todo sentimiento de mal procede del maligno, de esa mala inclinación que aún habita en ti.

Está en ti esforzarte por hacer la voluntad de Dios y así entrar en Su Reino, viviendo plenamente en este mundo de acción. Ten presente que tus actos te definen.

Somos pensamiento, palabra y acción. Por eso, cuida tus pensamientos antes de que se conviertan en palabras; cuida tus palabras antes de que se conviertan en acciones.

Sé prudente, coherente y busca una vida fundada en el amor.

 

Construir sobre roca

Muchos buscan a Dios en las palabras, pero pocos lo buscan en sus actos.

Jesús nos enseña que no basta con decir «Señor, Señor». El Reino de Dios no se abre por lo que proclamamos con los labios, sino por lo que construimos con nuestra vida. La verdadera fe no es una declaración; es una forma de vivir.

La cábala enseña que el propósito del ser humano es revelar la luz divina en el mundo de la acción. Un pensamiento elevado es valioso, una oración sincera es preciosa, pero ambas encuentran su plenitud cuando se convierten en obras. La luz que no desciende a la realidad permanece oculta.

Por eso Jesús compara al hombre sabio con quien construye su casa sobre roca. La roca simboliza una conciencia estable, alineada con la voluntad de Dios. Cuando la vida trae vientos, lluvias y tormentas, aquello que fue construido desde la verdad permanece firme. En cambio, quien escucha la enseñanza pero no la practica edifica sobre arena: posee información, pero carece de transformación.

Cada acto de amor, cada palabra de misericordia, cada decisión tomada desde la verdad fortalece los cimientos del alma. Así se construye una vida capaz de sostenerse en medio de las pruebas.

No preguntes solamente qué sabes acerca de Dios. Pregúntate qué parte de Su voluntad se ha convertido en acción a través de ti.

Porque la fe auténtica no se mide por lo que conocemos, sino por la luz que logramos manifestar en el mundo. Quien escucha la voz de Dios y la lleva a la práctica construye sobre roca, y ninguna tormenta puede derribar aquello que fue edificado en la verdad.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21-29):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?» Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.» El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Palabra del Señor.