Dios no nos debe nada. Tan solo podemos pedir su auxilio para nuestra sanación física y espiritual.

Dios todo lo puede y es quien gobierna sobre todo en esta tierra; entonces, confía en que todo lo que hace es perfecto y para el bien de nuestras almas.

Lo que debes tener siempre presente es que todo lo que nos pasa es para que despertemos y tomemos conciencia de nuestro actuar, para así vivir una vida acorde a la Palabra de Dios.

El secreto esta en vivir como Jesus, sabiendo que sin transgresiones no hay tribulaciones; ese es el secreto del amor.

Pide con fe, y que sea la voluntad del Señor. Recuerda esa petición del leproso que fue sanado, como versa en Mateo 8:2: «Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad».

 

La voluntad que transforma

Existe una diferencia entre querer que Dios haga nuestra voluntad y permitir que nuestra voluntad sea transformada por Dios.

Muchas veces creemos que la oración tiene como propósito cambiar la realidad, cuando en realidad su primer propósito es cambiarnos a nosotros. Antes de modificar aquello que sucede afuera, la Luz busca ordenar aquello que sucede dentro.

Desde la cábala comprendemos que toda realidad visible es la manifestación de una realidad espiritual más profunda. Por eso, mientras la conciencia permanezca dividida, la creación continuará reflejando esa misma división. No basta con desear una vida distinta; es necesario convertirse en una persona distinta.

La sanación no comienza cuando desaparece el dolor, sino cuando dejamos de resistir el propósito que ese dolor vino a revelar. Hay experiencias que no llegan para destruirnos, sino para despertar aquellas partes del alma que permanecían dormidas.

Por eso, la verdadera fe no consiste en exigir respuestas, sino en confiar en que la Inteligencia Divina conoce el camino que nuestra conciencia aún no alcanza a comprender.

Cuando dejamos de luchar contra la voluntad de Dios y comenzamos a caminar con ella, algo cambia en nuestro interior. La ansiedad da paso a la paz, el miedo a la confianza y la resistencia a la aceptación.

Es allí donde comienza la verdadera transformación. No cuando el mundo cambia para complacernos, sino cuando nosotros cambiamos para vivir en armonía con la Voluntad que sostiene toda la creación.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,5-17):

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: «Ve» y va; al otro: «Ven», y viene; a mi criado: «Haz esto», y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.»
Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»

Palabra del Señor