Renueva tu corazón para vivir en plenitud, siguiendo las enseñanzas de Jesús y llevando una vida de oración, para que este mundo se convierta, para ti, en un anticipo del paraíso.

Vive sin tristeza, sin ansiedad y sin desesperanza. Al contrario, vive con alegría, lleno de vida, de paz y de amor.

Permanece en oración, viviendo en constante agradecimiento y alabando a Dios por sus milagros y por todo lo que has vivido. Así, su luz iluminará tu camino mientras avanzas, paso a paso, hacia la casa del Padre.

 

Un corazón nuevo para recibir la Luz

La transformación comienza cuando el alma se convierte en un recipiente capaz de contener aquello que Dios quiere derramar.

Jesús enseñó que el vino nuevo no puede ponerse en odres viejos. No se trata solamente de una costumbre antigua, sino de una ley espiritual que gobierna el crecimiento del alma.

La cábala enseña que todo ser humano es un keli, un recipiente creado para recibir la Luz del Creador. Sin embargo, la cantidad de Luz que puede habitar en nosotros no depende de cuánto Dios quiera dar, sino de cuánto nuestro corazón sea capaz de contener.

Muchas personas desean una vida nueva, pero conservan las mismas heridas, los mismos resentimientos, los mismos miedos y las mismas formas de pensar. Esperan que Dios cambie su realidad sin permitir primero que Él transforme el recipiente que habrá de recibir Sus bendiciones.

Por eso Jesús no vino únicamente a cambiar las circunstancias de nuestra vida. Vino a renovar el corazón del ser humano. Cuando el corazón cambia, cambia también la manera de mirar el mundo; y cuando cambia la mirada, cambia la forma en que vivimos cada acontecimiento.

El vino nuevo representa una conciencia nueva. Es la capacidad de amar donde antes había juicio, de confiar donde antes gobernaba el temor, de agradecer donde antes existía la queja y de permanecer en paz aun cuando las circunstancias todavía no hayan cambiado.

Cada acto de oración sincera, cada gesto de perdón, cada decisión de amar y cada paso de obediencia expanden nuestro recipiente interior. En la cábala este proceso puede entenderse como la rectificación del alma (tikkun): el corazón se va purificando para reflejar con mayor claridad la Luz divina.

Entonces comprendemos que Dios nunca deja de derramar Su abundancia. Lo que muchas veces necesita renovarse no es el vino, sino el odre.

Por eso la verdadera vida espiritual consiste en permitir que Dios haga de nosotros una nueva creación. Porque cuando el corazón se vuelve nuevo, también se vuelve capaz de recibir una porción mayor de Su presencia, de Su paz y de Su amor.

Quien renueva su interior descubre que el Reino de Dios no comienza cuando cambian las circunstancias, sino cuando el alma se convierte en un recipiente digno de la Luz que el Padre siempre ha querido entregar.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-17):

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?»
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.»

Palabra del Señor.

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