
Como seguidores de Jesús, debemos permanecer en el camino hacia Dios, siendo ejemplo de vida, actuando de acuerdo con su palabra y enseñanza.
Sé luz para otros, dejando que se refleje la bondad que nos enseña Jesús en tu actuar.
Vacíate de los aspectos de tu ego y conviértete en la luz del Creador.
Sé santo como Jesús.
La luz que despierta el alma
Hay una chispa divina sembrada en lo más profundo de cada ser, una llama escondida que anhela elevarse y volver a su Fuente. Esa chispa es el reflejo del Or Ein Sof, la luz infinita del Creador, que desciende hasta este mundo para revelar Su presencia a través de nuestras obras.
Ser luz no es brillar para ser vistos, sino arder en silencio para que otros puedan encontrar el camino. En la cábala, esta tarea se llama tikkun: la reparación del mundo a través de la purificación del alma y la rectificación de nuestras acciones. Cada acto de bondad, cada palabra justa, cada pensamiento alineado con el amor, libera chispas atrapadas en la materia y las devuelve a su origen.
Cuando el ego gobierna, la luz se oculta; cuando el ego se vacía, la luz fluye. En ese vaciamiento interior, el ser humano se convierte en un canal, un conducto por donde la bendición desciende y se multiplica. Así, el alma se afina, se eleva y se integra a la armonía de las sefirot, donde la misericordia, la justicia y la verdad se entrelazan como un solo canto.
Caminar en santidad no es un destino, es un movimiento constante del corazón hacia Dios. Es elegir, en cada instante, ser lámpara encendida en medio de la noche, sal que preserva la vida, testimonio silencioso del amor eterno.
Y cuando la luz interior se vuelve acción, el mundo se transforma, porque toda alma que se enciende despierta a otras, hasta que la creación entera resplandece en la unidad del Uno.
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Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,13-16):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»
Palabra del Señor.