El mensaje revelado
Jesús nos enseña que el amor y la misericordia de Dios son para todos.
Por eso, nos invita a orar pidiendo a nuestro Padre Celestial
que envíe más obreros para su Reino.
Seamos también nosotros como Jesús:
fuente de luz y de intercesión.
Cuando hables con alguien sobre Dios,
habla también con Dios sobre esa persona.
Dios te bendiga.
Desde la sabiduría antigua
Ver con compasión, orar con propósito
Inspirada en Mateo 9,32–38 y la sabiduría de la Cábala
Jesús miró a la multitud y sintió compasión.
No vio masas…
Vio almas.
Almas cansadas, dispersas, heridas.
Y entonces hizo algo profundamente revelador:
no actuó primero, oró primero.
Pidió al Padre que enviara más trabajadores para la cosecha.
Porque entendía que la verdadera transformación no comienza afuera,
sino desde lo alto… y desde adentro.
La Cábala enseña que cada alma es una chispa del Creador,
y que cuando alguien ora con intención pura por otro,
abre un canal espiritual que conecta esa alma con la luz divina.
No hay acto más poderoso que hablar con Dios sobre alguien que sufre.
Porque en los planos superiores, esa oración genera movimiento, reparación, luz.
Jesús no solo hablaba con las personas.
Hablaba con Dios sobre ellas.
Y al hacerlo, les abría un camino de regreso.
Ese es el verdadero amor.
Desde la mirada de la Cábala,
orar por otro no es pasividad.
Es ser un puente entre el mundo físico y el espiritual.
Es ser parte activa del tikún, del proceso de restauración del alma.
Hoy tú también puedes ser un obrero del Reino.
No necesitas títulos ni saberlo todo.
Solo necesitas corazón, compasión, y el deseo sincero de elevar a otros en tu oración.
Ahí comienza la verdadera cosecha.
Ahí florece el Reino de Dios.
Evangelio que inspiró este mensaje
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,32-38):
En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual.»
En cambio, los fariseos decían: «Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.»
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»
Palabra del Señor.