
Jesús nos dice: «El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará», revelándonos que nuestra vida pertenece al Padre Celestial.
Para alcanzar la vida eterna debemos vivir desprendidos, sin permitir que los apegos materiales aten nuestra alma.
Trabaja por el Reino de Dios, porque todo lo demás llegará por añadidura.
Da gracias siempre, en toda circunstancia, pues lo que sucede y ha sucedido es porque así lo ha querido Dios.
Cuando el Alma Se Desprende, la Luz Se Revela
La enseñanza revela que quien intenta aferrarse a su vida termina perdiéndola, y que solo quien la entrega desde el desprendimiento la recobra en plenitud. Es un llamado a mirar más allá de lo visible, a comprender que la existencia no nos pertenece, sino que es un soplo depositado por el Padre para cumplir un propósito eterno.
La cábala enseña que el alma encarnada vive entre dos fuerzas: el deseo de recibir para sí mismo y el deseo de recibir para dar. Cuando domina el primer impulso, el ego se fortalece y el corazón se vuelve opaco; pero cuando el alma elige el camino del Bitúl, el vaciamiento del yo, la Luz Infinita —el Ein Sof— se derrama sin límites.
El apego material es una ilusión que encadena. Quien se aferra a lo que cree poseer, se encierra en el Olam HaAsiyáh, el mundo de la acción sin conciencia. Pero quien suelta, quien renuncia a la falsa seguridad, asciende a la comprensión del Tikkún: todo acontecimiento, incluso el que hiere, es parte de la corrección que Dios obra en el alma para llevarla a su verdadera estatura.
La revelación afirma que el día llega como un destello que atraviesa la sombra. Este destello no es solo un final, sino un llamado a la vigilancia interior: el Reino irrumpe cuando el corazón se abre y la Shejiná encuentra un lugar para descansar.
Por eso la gratitud se convierte en llave. Quien agradece reconoce que nada ocurre al azar y que cada paso ha sido guiado por la Voluntad Suprema. A través de esa gratitud, el alma se transforma en Kli, recipiente capaz de recibir la vida que no se marchita.
Así, la verdadera ganancia no se halla en conservar la existencia terrenal, sino en entregarla con confianza. Solo quien se desprende se eleva, y solo quien se eleva descubre la Vida que no se pierde.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,26-37):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.»
Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?»
Él contestó: «Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo.»
Palabra del Señor.
Impresionante post, realmente me lo pasé muy bien leyéndolo. Tu forma de escribir es extremadamente cautivadora y tus ideas son muy relevantes. ¡Avanza!