
Jesús nos enseña a ser ejemplo con su ejemplo.
Sigue a Jesús y sé como el buen pastor que busca a las ovejas perdidas para que retornen al camino de Dios.
Presta atención a las palabras de Jesús, que dijo: “Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.”
Seamos, entonces, precursores de la fe y el amor de Dios.
La Alegría del Retorno
En la Cábala, se enseña que toda alma proviene de la Luz divina, y que al descender al mundo, cada una lleva consigo una chispa del Infinito. Pero cuando el alma se extravía, cuando se aparta de su Fuente, no deja de pertenecerle a Dios; solo se vela bajo la sombra de la distancia.
Jesús, el Rabí de la Luz, nos revela en esta parábola que el Creador no abandona ninguna de sus chispas. Como el pastor que deja a las noventa y nueve para buscar a la perdida, así desciende la Misericordia a los rincones más oscuros del alma para levantar lo que parecía perdido.
El retorno del pecador no es solo un acto humano de arrepentimiento: es un movimiento cósmico, un tikkún, una reparación que restablece el equilibrio entre el cielo y la tierra. Cada lágrima del que vuelve es una gota que apaga el fuego del exilio espiritual, y cada corazón que se abre a la fe hace vibrar la creación entera con júbilo.
Por eso hay más alegría en el cielo por una sola alma que regresa: porque en ese instante, el universo entero se reconcilia con su Fuente. El amor de Dios no se mide por cantidad, sino por profundidad.
Y tú, que escuchas su voz, no temas salir en busca de las almas perdidas —las tuyas y las ajenas—, porque cada paso hacia el amor, cada gesto de compasión, ilumina un sendero en el mapa oculto del Reino.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,1-10):
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle.
Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.» Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.» Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
Palabra del Señor.