En este mundo crecen juntos el bien y el mal, como el trigo y la cizaña.
Pero no te inquietes: Dios sabe quién eres.
No juzgues antes de tiempo ni te dejes confundir por lo que ves.
Permanece fiel, da fruto, y deja que sea Dios quien separe al final.
El juicio no nos corresponde; nuestro llamado es a amar, servir y confiar.

 

El trigo y la cizaña: el alma en medio de la dualidad

En el Evangelio según Mateo (13,24-30), Jesús nos revela una verdad profunda: en el campo del mundo crecen juntos el trigo y la cizaña. Es decir, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo que da fruto y lo que engaña. Y sin embargo, Dios permite que ambos crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha.

Desde la sabiduría de la cábala, esta parábola nos habla del proceso espiritual del alma. Antes de venir a este mundo, el alma acepta un camino. Un camino donde deberá aprender a elegir la luz en medio de la oscuridad. El trigo representa las chispas divinas que el alma debe revelar. La cizaña, en cambio, representa las distracciones, las pruebas y las ilusiones del ego que nublan el propósito del alma.

Dios, en su misericordia, no arranca la cizaña antes de tiempo, porque incluso las pruebas tienen un propósito en nuestro crecimiento. La cábala enseña que cada obstáculo, si se enfrenta con conciencia, nos eleva. Así como la cizaña hace que el trigo profundice sus raíces, también las dificultades despiertan en nosotros una fe más fuerte, una voluntad más pura y un amor más verdadero.

El alma no está aquí para juzgar quién es trigo y quién es cizaña. Está aquí para dar fruto. Para permanecer fiel al bien incluso cuando la maldad parece rodearla. Porque al final, todo será revelado. Y el que haya permanecido en la luz, será recogido en los graneros del Reino.

Por eso, no te angusties si a tu lado crecen almas que aún no despiertan, ni si ves injusticias o falsedad a tu alrededor. Solo asegúrate de no dejar de ser trigo. Mantente firme, creciendo en silencio, en humildad y en verdad. Porque llegará el momento de la cosecha, y ese juicio solo pertenece a Dios.

 

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,24-30):

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?» Él les dijo: «Un enemigo lo ha hecho.» Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero’.»»

Palabra del Señor