
Elige siempre la vida, porque no sabes cuándo serás llamado a rendir cuentas de tus actos. Vive conforme a la palabra de Dios, siguiendo a Jesús como tu maestro de vida, viviendo en amor mientras abres tu corazón para que el Espíritu Santo entre y sane todo tipo de heridas por la gracia de Dios.
Medita a diario sobre tu actuar y tu vivir cotidiano, realizando un examen de conciencia y reparación.
Alimenta tu vida espiritual permaneciendo firme en la oración, viviendo en gratitud y reconociendo que todo lo que proviene de Dios es bueno y todo es para bien.
Cuando la Luz Llama al Corazón Despierto
Hay un instante secreto en el tejido del tiempo, un punto donde la existencia se abre como una grieta luminosa y revela el pulso eterno del Creador. Nadie sabe cuándo llega ese umbral. Por eso la cábala nos invita a vivir como shomerim, guardianes del alma, atentos al murmullo de la Luz que desciende sin anunciarse.
Cada acción, cada pensamiento, es una semilla que vibra en los mundos internos. En el lenguaje de la cábala, nuestras decisiones moldean las sefirot de nuestro propio ser: lo que hacemos en Maljut resuena en Yesod, lo que pensamos en Tiferet eleva o enturbia nuestro Zivug con la Luz. La vida, entonces, no es una espera pasiva, sino un acto constante de construcción espiritual.
El llamado que llega sin aviso no es amenaza, sino verdad. Es el recordatorio de que la existencia es un préstamo sagrado. Por eso elegimos la vida: porque cada día es una oportunidad de revelar Or en medio de nuestras sombras; porque cada error puede transformarse en tikún y cada herida puede abrirse hacia la misericordia.
La vigilancia de la que hablan los sabios no es miedo; es conciencia. Es el ejercicio de habitar el presente con el corazón despierto, sabiendo que la Luz toca la puerta cuando menos se espera. Por eso hacemos jeshbón hanefesh, el examen íntimo del alma, no para juzgarnos, sino para purificar el canal por el que fluye el Espíritu.
Vivir así es caminar con la certeza de que cuando el Creador llame, nos encontrará en medio de la obra: reconstruyendo nuestras vasijas, reparando el mundo desde adentro, dejando que el Espíritu Santo respire dentro de nosotros hasta sanar lo oculto y encender lo que dormía.
El día no importa. La hora no importa. Lo que importa es la disposición del alma. Porque el que vive en gratitud, el que sostiene la oración como columna, el que abre su corazón a la gracia, ya está preparado.
La Luz no avisa. La Luz simplemente llega.
Y que nos encuentre despiertos.
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 24,37-44.
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Palabra del Señor