
Jesús nos revela que es Dios quien permite todo cuanto acontece en este mundo, y que somos libres en conciencia para elegir cómo actuar en esta vida terrenal.
Por eso, toma en tus manos la elección del camino de la vida: medita en la Palabra de Dios para discernir cómo obrar, y camina así, con el corazón en paz y sin preocupaciones.
La autoridad que nace del Silencio
La verdadera autoridad no se impone ni se exhibe: se revela en el origen.
Quien pregunta desde el orgullo busca controlar; quien pregunta desde la conciencia busca luz. En la cábala, toda acción desciende de una raíz invisible, y solo quien reconoce esa raíz puede comprender el sentido de lo que ocurre.
Hay decisiones que no pueden responderse con palabras porque no nacen del intelecto, sino del alineamiento interior. Cuando el corazón no está dispuesto a escuchar, la verdad se oculta como un tesoro sellado. No por castigo, sino por misericordia: la luz no se entrega a quien la usaría para afirmarse a sí mismo.
La vida fluye desde lo Alto hacia lo bajo, de Kéter a Maljut, y en ese descenso el ser humano recibe un don temible y sagrado: la libertad de conciencia. Dios permite, el hombre elige. Pero solo quien se vacía de la necesidad de tener razón puede recibir discernimiento verdadero, ese que en la cábala se llama Daat, el conocimiento que une mente y espíritu.
No todo debe explicarse. Hay verdades que solo se comprenden cuando el ego calla. El silencio, entonces, no es evasión: es juicio justo. Es la frontera que separa la sabiduría de la manipulación.
Camina, por tanto, con reverencia interior. Examina desde dónde preguntas y desde dónde actúas. Porque la autoridad auténtica no viene del poder externo, sino de haber sido tocado por la Fuente. Y cuando esa Fuente habita en ti, ya no necesitas demostrar nada: la vida misma da testimonio.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,23-27):
EN aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:
«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».
Jesús les replicó:
«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».
Ellos se pusieron a deliberar:
«Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».
Y respondieron a Jesús:
«No sabemos».
Él, por su parte, les dijo:
«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».
Palabra del Señor