El mensajero que despierta la conciencia
Hay verdades que no descienden como relámpagos, sino que caminan entre nosotros con rostro humano. La sabiduría de la cábala enseña que el Creador envía luz al mundo por medio de vasijas, y muchas veces esas vasijas pasan desapercibidas porque no brillan como esperamos. El problema no es la ausencia de señales, sino la ceguera del corazón que no sabe reconocerlas.
Cada alma recibe visitas sagradas a lo largo de su vida: palabras, encuentros, incomodidades que despiertan. Son mensajeros que vienen a ordenar el caos interior, a preparar el terreno para una revelación mayor. Pero cuando la conciencia permanece dormida, la luz es rechazada y el mensaje se pierde en el ruido de la costumbre.
La cábala nos recuerda que la redención no siempre llega envuelta en gloria, sino en corrección. Antes de la plenitud, viene el ajuste; antes de la consolación, la verdad. Quien no reconoce al mensajero, difícilmente comprenderá la misión que viene después. Por eso, cada rechazo retrasa el tikún del alma y endurece el sendero.
Despertar es aprender a ver. Escuchar más allá de las formas. Comprender que Dios habla también a través de aquello que incomoda, confronta y sacude. Bienaventurado quien reconoce al enviado mientras aún camina a su lado, porque ha entendido que el Reino comienza en la conciencia que sabe recibir la luz cuando llega.