El mensaje revelado
Jesús revela a sus discípulos la recompensa de seguirlo.
¿Y qué mayor recompensa que heredar la vida eterna
y, mientras tanto, vivir en el Reino de Dios desde ahora?
Desde la sabiduría antigua
Solo el alma vacía de sí misma puede heredar el Reino
En Mateo 19, Pedro le dice a Jesús:
“Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.”
Y Jesús responde con una promesa que trasciende lo material:
heredar la vida eterna… y el Reino de Dios.
Pero esa herencia no se compra ni se exige.
Se recibe como fruto de una transformación interior.
La Cábala llama a ese proceso bitul ha-yesh:
la anulación del “yo”, del ego que busca poseer, controlar y asegurar su lugar en el mundo.
Es el vaciamiento del alma de todo lo que cree ser,
para poder recibir lo que realmente es en Dios.
Pedro y los discípulos “lo dejaron todo”, no solo en lo externo,
sino en lo más profundo:
renunciaron a su voluntad individual
para seguir una voluntad más alta,
una voluntad divina.
Y es en ese vaciamiento —ese bitul—
donde comienza el Reino.
Porque mientras el alma está llena de sí misma,
no hay espacio para lo eterno.
Pero cuando se rinde,
cuando deja de sostener su mundo con sus propias fuerzas,
Dios habita en ella.
La mayor recompensa no es una promesa futura.
Es la experiencia presente del Reino:
vivir desde la confianza, la humildad, la entrega.
Desde la perspectiva de la Cábala,
el que deja algo por el Reino
no pierde… se alinea.
Y en esa alineación,
el alma se vuelve canal de luz,
y su Tikún se cumple.
Por eso Jesús no promete solo la vida eterna,
sino también el Reino desde ahora…
pero solo para quienes se vacían de sí mismos
y se llenan de Él.
Evangelio que inspiró este mensaje
Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,27-29:
En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»
Palabra del Señor.