Jesús te enseña a hacer la voluntad de Dios a través de su propio ejemplo de vida.

Recibe a Jesús en tu corazón, para que el Espíritu Santo descienda sobre ti y obre milagros. Sigue el ejemplo de vida de Jesús y entrégalo todo en las manos de Dios.

Cuando necesites tomar una decisión, pide sabiduría y repite en lo profundo de tu alma:
«Señor, estoy aquí para hacer tu voluntad».

Antes de decidir, medita si el camino que vas a tomar te conduce a la paz.

La voluntad que sana

Cuando el alma reconoce la presencia de la Luz, algo en su interior se inclina en silencio. No es el ruido del milagro lo que transforma, sino la alineación interior con la voluntad divina. Allí donde la multitud busca alivio, la cábala revela un misterio más profundo: toda sanación comienza cuando el deseo humano se ordena al deseo del Creador.

Jesús camina entre los hombres como un canal puro. No actúa desde el ego ni desde la urgencia del mundo, sino desde la obediencia perfecta. En términos de cábala, Él es un conducto donde la Luz fluye sin resistencia, porque su voluntad está completamente unida a la Voluntad superior. Por eso, incluso las fuerzas ocultas reconocen su autoridad y se someten.

El alma que desea vivir en plenitud debe aprender este secreto: no forzar la realidad, sino disponerse. Cuando el corazón dice “estoy aquí para hacer tu voluntad”, se produce un tzimtzum interior: el yo se retrae y deja espacio para que la Luz actúe. Entonces, la paz se convierte en señal, en brújula, en confirmación de que el camino elegido nace de lo Alto.

La cábala enseña que la verdadera paz es el sello de la armonía entre las sefirot. Si una decisión trae paz, es porque está alineada con el flujo divino. Si trae agitación, es señal de desorden interior. Así, cada elección se vuelve un acto sagrado, una oportunidad de tikkun, una reparación del alma y del mundo.

Seguir el ejemplo de Jesús es aprender a vivir sin apropiarse del poder, sin buscar la gloria, dejando que la Luz haga su obra. Allí donde hay entrega, hay milagro. Allí donde hay obediencia amorosa, la voluntad de Dios se manifiesta y el alma descansa.

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,7-12):

 
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios.»
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
 
Palabra del Señor.

Reflexión: Seguir el ejemplo de Jesús para vivir en la voluntad de Dios

En el Evangelio de Marcos 3, 7-12, vemos a Jesús retirándose hacia el lago, seguido por una multitud de personas que venían de distintos lugares. Lo buscaban porque habían escuchado sobre los milagros que realizaba. En este pasaje, Jesús no solo muestra su poder, sino también su disposición a atender a quienes lo necesitan, sin importar su origen.

Este ejemplo nos invita a reflexionar: ¿Cómo podemos nosotros seguir a Jesús y vivir según la voluntad de Dios? Jesús nos enseña que vivir conforme a la voluntad divina no es un acto pasivo, sino un llamado activo a confiar, a pedir sabiduría y a dejar todo en manos del Padre.

Cuando aceptamos a Jesús en nuestro corazón, permitimos que el Espíritu Santo obre en nosotros. Este Espíritu nos guía, nos transforma y nos da la fortaleza para enfrentar nuestras decisiones con paz y confianza. Es en la oración, como Jesús lo demuestra tantas veces, donde encontramos la claridad para discernir la voluntad de Dios. Al repetir con sinceridad: «Señor, estoy aquí para hacer tu voluntad», nos abrimos a que Él tome el control de nuestras vidas.

Jesús también nos enseña a ser observadores de la paz en nuestro interior. Ante cualquier decisión, el primer indicador de si estamos alineados con la voluntad de Dios es la paz que sentimos en nuestro corazón. Si una decisión nos lleva a la confusión, la intranquilidad o el temor, es posible que necesitemos detenernos y pedir nuevamente dirección al Señor.

Sigamos el ejemplo de Jesús, quien nos muestra con su vida cómo confiar plenamente en Dios, cómo entregarnos al Espíritu Santo y cómo discernir con sabiduría los caminos que debemos tomar. Hoy, preguntémonos: ¿Estoy buscando vivir en la voluntad de Dios? ¿Estoy dispuesto a dejar mis preocupaciones en sus manos y a confiar en que Él me guiará?

Que en cada paso que demos, nuestras acciones reflejen nuestra fe en el Señor, y que la paz que proviene de Él sea el sello que confirme nuestras decisiones.

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