
Jesús nos enseña que Dios tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros; solo debemos confiar en Él.
Mantén siempre presente que todo lo que acontece en tu vida obra para bien, para el perfeccionamiento de tu alma, guiándote hacia la vida eterna.
Por eso, piensa y actúa conforme a la voluntad de Dios. Permite que tus palabras sean fuente viva y testimonio de misericordia y amor.
Antes de actuar por tu cuenta, detente y medita en aquello que agrada a Dios.
Cuando el “Yo Soy” despierta
Hay una voz en el interior del alma que no pertenece al tiempo ni a las circunstancias. No nace del pensamiento ni de la emoción; brota desde lo más profundo, desde ese punto donde la chispa divina habita en silencio. Esa voz dice “Yo Soy”, y en su pureza contiene verdad, vida y dirección.
En la sabiduría de la cábala, se comprende que el ser humano no solo vive, sino que emana. Su conciencia es un canal: o revela la Luz o la oculta. Cuando el “Yo Soy” se pronuncia desde la unión con lo Alto, se alinea con la voluntad del Padre, y entonces la realidad comienza a ordenarse conforme al diseño divino. No es el hombre quien crea por sí mismo, sino la Luz que fluye a través de él.
Pero cuando ese mismo “Yo Soy” nace del ego —de la ilusión de separación, del deseo de control, del olvido del origen—, se convierte en una vasija distorsionada. Entonces, lo que se manifiesta no es la verdad, sino fragmentos rotos de percepción. La realidad que surge desde ahí lleva confusión, porque no está conectada con la Fuente, sino con la sombra del deseo propio.
El alma despierta aprende a vigilar su palabra, pero más aún, aprende a vigilar su estado interior. Porque no es lo mismo decir “yo soy” desde la certeza de la Luz que decirlo desde la necesidad de afirmarse. Uno revela; el otro encubre.
Este es el secreto: el verdadero despertar no consiste en afirmar la identidad, sino en rendirla. En vaciarse de toda ilusión para que el “Yo Soy” no sea una declaración del yo separado, sino la manifestación del Uno en nosotros.
Cuando el alma se alinea, el “Yo Soy” deja de ser una construcción y se convierte en revelación. Y en ese instante, sin esfuerzo, la vida comienza a reflejar orden, propósito y verdad.
Quien aprende a habitar ese estado, deja de luchar por crear su realidad… y empieza a vivir en la realidad que ya fue preparada desde la Luz.
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.
Palabra del Señor.
Volver al Padre con Alegría
Jesús nos dice que vino para hacer lo que agrada al Padre. Y nos recuerda que el que permanece en Él, nunca está solo. Pero ¿qué significa realmente permanecer en Dios?
Desde la sabiduría de la Cábala, sabemos que el alma desciende a este mundo para elevarse a través del proceso, y que incluso las caídas hacen parte del camino. La clave está en no quedarse caído.
A veces erramos. A veces, incluso buscando hacer el bien, tropezamos. Pero si nuestra intención estaba alineada con el deseo de seguir a Dios, entonces incluso esa caída tenía un sentido más alto. Dios no se aleja cuando caemos, es más, nos da la oportunidad de volver a Él con una conciencia más profunda.
La Cábala enseña que no hay ascenso sin descenso previo. Que todo lo que sucede en nuestra vida forma parte del gran plan divino. Y que lo importante no es vivir sin pecado, sino reconocer cuándo nos desviamos, levantarnos con humildad y alegría, y seguir avanzando.
Jesús nos revela que la voluntad de Dios no es que nos quedemos atrapados en la culpa, sino que, incluso después del error, sigamos adelante con un corazón dispuesto. Porque cada vez que regresamos al Padre con sinceridad, el alma se purifica y se fortalece.
Por eso, si hoy sientes que has caído, no te condenes. Levántate, cambia tu conciencia, conecta nuevamente con Dios. Que no haya tristeza en tu retorno, sino gozo en saber que aún en tu caída, Dios te estaba guiando.
Recuerda: lo importante no es no caer, sino no dejar de volver.