Jesús nos enseña con su ejemplo y sabiduría cómo responder ante las tentaciones, diferenciando lo que es de Dios de lo que debemos hacer en este mundo.

Haz lo correcto siempre, siendo coherente de pensamiento, palabra y acción.

Cumplid las leyes de Dios y cumplid las leyes de donde vives; esa es tu misión.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,13-17):

En aquel tiempo, enviaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en lo que la gente sea, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?»
Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: «¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.»
Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta cara y esta inscripción?»
Le contestaron: «Del César.»
Les replicó: «Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.»
Se quedaron admirados.

Palabra de Dios.

 

La imagen que llevamos dentro

La sabiduría de la cábala enseña que todo lo creado contiene una chispa divina. Así como la moneda llevaba la imagen del César y por eso le pertenecía, el ser humano lleva impresa la imagen del Creador en su alma. Nuestro cuerpo habita en este mundo y participa de sus responsabilidades, leyes y deberes, pero nuestra esencia más profunda procede de Dios y anhela regresar a Él.

Por eso Jesús nos enseña a vivir en equilibrio. No nos llama a rechazar el mundo, sino a santificarlo. Cumplir las leyes del lugar donde vivimos, trabajar, servir a los demás y actuar con responsabilidad forma parte de nuestra misión terrenal. Sin embargo, nunca debemos olvidar que nuestro pensamiento, nuestra voluntad y nuestro corazón pertenecen al Reino de Dios.

La verdadera tentación aparece cuando confundimos lo temporal con lo eterno, cuando damos al mundo lo que solo corresponde a Dios o cuando pretendemos acercarnos a Dios mientras descuidamos nuestras responsabilidades en la tierra. La sabiduría consiste en discernir cada cosa en su lugar.

Ser coherentes en pensamiento, palabra y acción significa devolver a Dios aquello que lleva Su sello: nuestra alma, nuestra conciencia y nuestras decisiones. Cuando vivimos de esta manera, el mundo deja de ser un obstáculo para la espiritualidad y se convierte en el escenario donde manifestamos la luz divina.

Cada día pregúntate: si la moneda lleva la imagen del César, ¿qué imagen llevo yo dentro? La respuesta te recordará que tu mayor misión no es solamente vivir en este mundo, sino reflejar la presencia de Dios a través de tu vida.

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