«Lo que debes hacer es llevar una vida de fe.»
La Fé es un don de Dios otorgado a cada uno de nosotros en cierta medida para este caminar terrenal
Vivir con Fé es creer en Dios confiando en su palabra viviendo como Jesús nos enseño.
Nuestra Fe crece a medida que nos vamos acostumbrando a ver y reconocer a Dios en todos y cada uno de los eventos de nuestra vida, como una manifestación divina, y se profundiza cuando la usamos todos los días como el artesano que practica su artesanía día a día. Esto lo logramos con oración constante y sonante.
Mas la Fé se fortalece mucho más, cuando es puesta a prueba, como se nos ejemplifica en el libro de Job.
La luz que se nos confía
En la parábola de los talentos, Jesús nos enseña que a cada uno se le entrega un don, no para esconderlo, sino para hacerlo fructificar. En la cábala judía encontramos una clave para comprenderlo: cada alma desciende al mundo con una chispa de la Luz divina y una porción única de tikún (corrección). Esa chispa es como un talento espiritual confiado por el Creador.
El siervo que oculta su talento representa al que teme desplegar la luz que recibió, mientras que aquellos que la multiplican son los que comprenden que la vida es un escenario donde la Divinidad se expande a través de nuestras acciones.
Según la cábala, el universo se sostiene en la dinámica de dar y recibir. La luz que recibimos no nos pertenece: se nos confía para ser canal, para que fluya hacia otros y se multiplique. Cuando escondemos nuestro talento, bloqueamos ese flujo; pero cuando lo ponemos al servicio, la luz se expande y regresa multiplicada, cumpliendo el propósito de la Creación.
Las pruebas, las oportunidades y los dones que Dios nos da son la medida justa de lo que nuestra alma necesita para elevarse. Así, el que recibió cinco talentos y los multiplicó, el que recibió dos y los hizo crecer, ambos fueron fieles a la tarea que su chispa divina reclamaba. No importa la cantidad inicial, sino la disposición a transformar la semilla en fruto.
En última instancia, esta parábola nos recuerda que la verdadera pobreza no es tener poco, sino esconder la luz que se nos dio. La riqueza espiritual está en atreverse a encenderla y compartirla, porque en ello está el gozo del Maestro: “Entra en el gozo de tu Señor”.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.» Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos.» Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.» Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo.» El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán; ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas, allí será el llanto y el rechinar de dientes.»»
Palabra del Señor.