Sé prudente, y al actuar, deposita siempre tu confianza en Dios.
Medita en lo que Jesús te enseñó, para que no caigas en faltas ni en tribulaciones.

Sigue a Jesús de corazón y vive en el amor.
Recuerda que todo sentimiento de mal proviene del maligno,
esa inclinación negativa que aún habita en ti y que debes aprender a reconocer y corregir.

Está en ti el esfuerzo por hacer la voluntad de Dios,
y así entrar en su Reino, incluso mientras vives en este mundo de acción.
No olvides que tus actos te definen.

Eres pensamiento, palabra y acción.
Por eso, cuida tus pensamientos antes de que se conviertan en palabras,
y cuida tus palabras antes de que se conviertan en acciones.

Sé prudente.
Sé coherente.
Y vive una vida guiada por el amor.

No basta con decir “Señor, Señor”… hay que construir sobre la roca

Jesús nos advierte en el Evangelio:
«No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos».
Y luego, compara a quien escucha sus palabras y las pone en práctica, con un hombre sabio que construyó su casa sobre roca firme.

La cábala nos da una clave para entender este mensaje:
el mundo físico es llamado Olam HaAsiyá, el mundo de la acción.
Aquí no basta con el pensamiento o la intención.
Aquí se viene a actuar, a corregir, a transformar lo espiritual en real.

Por eso Jesús no dice “el que crea”, sino “el que hace la voluntad del Padre”.

El alma no se perfecciona solo por saber lo que está bien.
Tampoco por repetir oraciones o decir: “Señor, Señor”.
La verdadera transformación ocurre cuando lo que sabes… lo vives.
Cuando lo que entiendes… lo practicas.

En la cábala se enseña que el alma tiene dentro de sí tanto la luz divina como la yetzer hará —la inclinación al mal.
Y la única forma de refinar el alma y acercarse a Dios es a través de acciones concretas, guiadas por la luz de la sabiduría y el amor.

Jesús lo llama “hacer la voluntad del Padre”.
Es decir, vivir con coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos.
Escuchar la Palabra y obedecerla, aunque cueste.
Construir sobre la roca firme de la verdad, aunque el viento del mundo sople en contra.

Quien construye sobre arena, dice Jesús, es el que escucha… pero no hace.
Tiene apariencia de fe, pero no tiene raíz.
Y cuando llegan las pruebas, su casa se derrumba.

La cábala lo diría así: el que no transforma su conciencia en acción,
no puede sostener su luz.
Porque solo el que actúa desde el alma establece conexión verdadera con lo alto.

Hoy Jesús nos vuelve a preguntar:
¿Estás construyendo tu vida sobre la roca… o sobre la arena?
¿Tus actos reflejan lo que crees?
¿Lo que sale de tu boca está en armonía con lo que hay en tu corazón?

No basta con decir que amas a Dios…
hay que vivir como si ya habitaras en su Reino.

Y cuando decides obedecer, aunque nadie te vea,
cuando eliges el bien incluso en lo pequeño,
estás construyendo sobre roca.

Y entonces, cuando vengan las lluvias…
no caerás.
Porque tu casa estará fundada en Dios.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21-29):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?» Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.» El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Palabra del Señor.

Un comentario

  1. ¡Publicación fantásticamente escrita! Ya me siento como una persona más informada.

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