Jesús nos enseña que todo es posible para quien tiene fe.

Por eso, oremos a diario, pidiendo a Dios, nuestro Padre celestial, que aumente nuestra fe, para que la duda se desvanezca y la confianza crezca en nuestro corazón.

La Fe que Todo lo Hace Posible

En Marcos 9:14-29, encontramos un pasaje profundamente revelador sobre la fe y la duda. Un hombre lleva a su hijo poseído ante Jesús, después de que los discípulos no lograran expulsar al espíritu. En su angustia, el padre le dice a Jesús:

“Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.”

Jesús responde con una enseñanza poderosa:

“¡Si puedes! Todo es posible para el que cree.” (Marcos 9:23)

El padre, con el corazón conmovido, exclama:

“Creo, pero ayuda mi poca fe.” (Marcos 9:24)

Aquí, Jesús nos muestra que la fe es la clave para que lo imposible se haga posible. Sin embargo, también nos revela que muchas veces nuestra fe es frágil, mezclada con dudas y temores. Este hombre tenía fe, pero reconocía que su fe no era perfecta. Y es en esa humildad donde comienza el milagro.

La Enseñanza Espiritual: Fe y Duda No Pueden Ocupar el Mismo Espacio

Desde la perspectiva de la cábala, la fe (Emuná) no es solo creer en Dios, sino confiar plenamente en su voluntad. Cuando dudamos, dejamos que la oscuridad (Sitra Ajra) nos confunda y nos haga sentir impotentes.

Jesús nos enseña que la duda es el mayor obstáculo para la fe, y que debemos pedirle a Dios que aumente nuestra confianza en Él. Como dice el Zóhar:

“El hombre no debe temer, sino confiar en la Luz de Dios, porque la duda es el velo que oculta la verdad.”

Cuanto más dudamos, menos vemos el poder de Dios en nuestra vida. Pero cuando confiamos completamente, la Luz Divina se manifiesta y los milagros ocurren.

La Oración: Clave para Fortalecer la Fe

Al final del pasaje, los discípulos le preguntan a Jesús por qué ellos no pudieron expulsar el espíritu, y Él responde:

“Esta clase solo puede salir con oración y ayuno.” (Marcos 9:29)

Aquí Jesús nos da una clave: la oración constante nos ayuda a fortalecer la fe y eliminar la duda.

Cuando oramos con sinceridad, nuestra alma se alinea con la voluntad de Dios y nos abrimos a recibir su poder. Es por eso que debemos pedirle todos los días, como el padre del niño:

“Señor, creo, pero aumenta mi fe.”

Reflexión Final

Jesús nos enseña que todo es posible para el que cree. Pero si hay dudas en nuestro corazón, debemos orar y pedir que Dios las transforme en confianza.

La fe no es solo un pensamiento, es una forma de vivir. Y cuando vivimos con fe, vemos la mano de Dios obrando en cada aspecto de nuestra vida.

Hoy es un buen día para fortalecer tu fe. Ora, confía y deja que Dios haga lo imposible.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,14-29):

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: «¿De qué discutís?»
Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.»
Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»
Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»
Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»
Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.»
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.»

Palabra del Señor.

 

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