Jesús, con su ejemplo y palabra, nos enseña a repeler la tentación, teniendo presente que debemos vivir de acuerdo a como está escrito. Todo lo demás es nuestro ego, que nos aleja de la santidad. Si estás pasando por un desierto, no os preocupéis; tan solo confiad en Dios. Vivid como está escrito y estad seguros de que obtendréis recompensa, y confiad en el Señor.

Dios te llevará por el camino que escojas; entonces tú escoge la vida y vive en amor.

La paciencia todo lo alcanza.

El silencio que vence al tentador

En el desierto, donde la carne se debilita y el espíritu es puesto a prueba, se revela uno de los misterios más profundos del alma: no todo lo que podemos hacer, debemos hacerlo. Jesús, lleno del Ruaj del Creador, entra en el ayuno y en la soledad, y allí, donde el ego busca erigirse como rey, la Luz decide callar. No porque no tenga poder, sino porque comprende el orden secreto del universo.

La cábala nos enseña que el ser humano participa del poder creador a través de la palabra. Cada proclamación activa canales, mueve las sefirot, despierta fuerzas invisibles. Pero ese don, cuando nace del ego y no de la Voluntad divina, se convierte en ruptura, en desalineación, en caos. Por eso, aunque Jesús posee el potencial de proclamar y crear, elige no hacerlo cuando la tentación lo empuja a usar ese poder fuera del plan del Creador. Entiende que forzar la realidad es tentar al mismo Dios, es pretender torcer los hilos del Ein Sof para satisfacer el deseo pasajero del yo.

El satán interno no es una figura externa que ataca desde fuera, sino una voz sutil que nace del desorden interior, del deseo de control, de la ansiedad por resolver, de la prisa por demostrar poder. Es la cáscara, la kelipá, que intenta cubrir la luz del alma. Responderle con proclamaciones nacidas del ego solo fortalece su dominio, porque entonces la palabra deja de ser canal de santidad y se convierte en herramienta de autoexaltación.

Jesús revela otro camino: el camino del sometimiento consciente a lo que está escrito. Él no discute con el tentador, no lo confronta desde el orgullo espiritual, no busca imponerse. Simplemente se alinea. Se sumerge en la Torá viva, deja que la Palabra lo habite, y desde allí descansa. Así, las sefirot se ordenan, la Luz fluye sin obstáculo, y el alma vuelve a su eje.

En esta enseñanza se esconde un secreto mayor: la verdadera victoria no consiste en demostrar poder, sino en renunciar a usarlo cuando no nace de Dios. Callar cuando el ego quiere hablar. Esperar cuando la ansiedad quiere actuar. Confiar cuando el miedo quiere controlar. En ese silencio, el universo se reacomoda, y la Shejiná encuentra reposo en el corazón.

Seguir las enseñanzas de vida de Jesús es elegir este sendero: vivir conforme a lo que está escrito, no como una ley rígida, sino como un cauce vivo por donde corre la Voluntad divina. Así, cada acto se vuelve cumplimiento, cada paso se vuelve ofrenda, y cada renuncia se transforma en luz.

Quien aprende a no responder a las tentaciones del ego descubre que el mayor milagro no es cambiar las piedras en pan, sino permitir que el alma sea transformada en templo. Allí, en lo profundo, el Reino de los Cielos se hace presente, no como promesa futura, sino como realidad encarnada.

Y entonces, el desierto deja de ser prueba y se convierte en revelación. Porque donde el ego calla, Dios habla. Y donde el alma se rinde, la Luz gobierna.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,1-11):

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Palabra del Señor