Vive cada día como si fuera el último de tu vida, porque no sabes cuándo serás llamado a rendir cuentas ante el tribunal celestial. Por eso Jesús nos invita a permanecer en vela, viviendo de acuerdo con la Palabra de Dios.

La verdadera vigilancia consiste en caminar en la fe, buscando el perfeccionamiento del alma mientras habitamos este mundo terrenal, y procurando vivir como Dios manda.

Vivir cada día como si fuera el último es vivirlo con alegría, dando gracias al Señor, examinando nuestro actuar y corrigiendo lo necesario, con el deseo constante de ser mejores y de permanecer en el amor de Dios.

El secreto está en hacer cada día un acto de contrición, sincero y consciente, para mantener el corazón en paz y preparado.

Permanecer en vela: el despertar del alma

Jesús nos dice: “Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor”. Estas palabras nos invitan a despertar del sueño de la rutina y de la ilusión del tiempo, para vivir con el corazón abierto a la eternidad.

La cábala enseña que cada instante es un “portal” a lo divino, una chispa de luz que puede elevarnos o perderse en la oscuridad. No se trata de esperar pasivamente el final, sino de aprender a reconocer la voz de Dios en lo cotidiano. Permanecer en vela es mantener el alma despierta, atenta a esa chispa sagrada que se esconde en cada acción, en cada encuentro, en cada decisión.

El que vigila no vive con miedo, sino con plenitud. Camina sabiendo que su vida tiene propósito, y que cada día es una oportunidad de reparar, de rectificar, de sembrar bondad. Así, la vigilancia se convierte en un acto de amor: cuidar el propio corazón para que no se adormezca en la indiferencia, y al mismo tiempo cuidar al prójimo, pues en él también habita la presencia de Dios.

En este misterio, la cábala nos revela que el verdadero “juicio” no es un tribunal lejano, sino el espejo del alma. Cada pensamiento, palabra y acción construye un reflejo interior que un día será mostrado con claridad. Por eso, la invitación de Jesús a permanecer en vela no es una amenaza, sino un llamado de misericordia: vivir en consciencia, de modo que cuando se abran los libros del cielo, nuestro corazón ya esté escrito en ellos con amor y verdad.

Permanecer despiertos significa vivir como si cada instante fuese el último, no con angustia, sino con gratitud; no con temor, sino con gozo. Porque el que vive en el amor de Dios ya ha comenzado a entrar en la eternidad.


Lectura del santo evangelio según san Mateo (24,42-51):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Palabra del Señor.

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