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Mensaje del dia

Qué tienes en el corazón?

 

Cada quien da lo que tiene en su corazón y es reflejo de su fe.

Quien tiene amor da amor; quien no tiene amor, no puede dar amor.

Ahora que te afanas por lo material, debes saber que todo lo que tienes es una dádiva de tu Creador, quien te provee de todo lo que tu alma necesita en este mundo material para su corrección. Tu prueba en este mundo está en confiar en que todo es de Dios y que es Dios quien provee, siendo la prueba más dura para el rico, que no es capaz de compartir y solo da lo que le sobra, mientras que la prueba para el pobre es arrodillarse ante Dios por su sustento sin codiciar lo del rico. El pobre que da lo que tiene es porque confía en el Señor.

Debes saber que lo que te está destinado te llegará, y lo que debas tener lo tendrás, así como lo que debas perder lo perderás. Entonces, no te preocupes al dar caridad, porque al final se te compensará. Ten la certeza de que la caridad te salva de la muerte.

Está escrito en Tobías 12:9: «La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los limosneros tendrán larga vida».

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor.

 

El valor oculto de la ofrenda

Jesús nos enseña que Dios no mira las apariencias ni la cantidad de nuestras obras, sino la intención que habita en el corazón. Mientras los escribas buscaban el reconocimiento de los hombres y los ricos daban de lo que les sobraba, una viuda pobre entregó dos pequeñas monedas y recibió la aprobación del cielo.

La sabiduría de la cábala nos enseña que el universo fue creado sobre el principio de dar. Dios es el Dador Supremo y toda la creación existe para aprender a parecerse a Él. Por eso, el verdadero valor de una acción no se encuentra en lo que se ve externamente, sino en la transformación interior que produce en el alma.

La viuda entregó poco a los ojos del mundo, pero mucho a los ojos de Dios, porque entregó desde la confianza. Aquellas monedas representaban su sustento, su seguridad y su futuro inmediato. Al ofrecerlas, declaró con sus actos que su verdadera confianza no estaba en el dinero, sino en el Creador que sostiene todas las cosas.

Del mismo modo, cuando damos caridad, tiempo, amor o ayuda a los demás, no estamos empobreciéndonos; estamos corrigiendo el deseo egoísta que nos hace creer que somos dueños de lo que poseemos. En realidad, todo proviene de Dios y todo vuelve a Él. Somos administradores temporales de las bendiciones que recibimos.

Por eso la prueba del rico es aprender a compartir sin apego, comprendiendo que la abundancia le fue confiada para servir. Y la prueba del pobre es confiar en la providencia divina sin permitir que la envidia o la codicia entren en su corazón. Ambos caminos conducen a la misma corrección: reconocer que Dios es la fuente de todo bien.

La caridad tiene el poder de salvar porque rompe las cadenas del ego y abre canales para que la misericordia divina fluya sobre el alma. Quien da con fe declara que su sustento no depende de sus posesiones, sino de Dios. Por eso la viuda fue más rica que todos los demás, pues poseía el tesoro más grande que puede alcanzar un ser humano: una confianza absoluta en el Señor.

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La Fe como Virtud: El Poder de la Emuná

La fe es una de las virtudes más poderosas que puede habitar en el corazón humano. Sin embargo, en la tradición hebrea, este concepto va más allá de una simple creencia: se llama Emuná, y significa una confianza viva, profunda y absoluta en Dios.

 

Mientras que la fe, en su sentido común, suele entenderse como “creer en Dios”, la Emuná es un paso más allá: es descansar en la certeza de que todo lo que acontece en nuestra vida forma parte de Su plan perfecto. No es solo aceptar que Dios existe, sino vivir sabiendo que Él guía cada paso, incluso cuando el camino se vuelve oscuro y la prueba parece incomprensible.

 

Jesús nos revela esta fe viva cuando nos invita a orar, a confiar y a entregarnos sin reservas a la voluntad del Padre. Su vida entera es testimonio de la Emuná: nunca dudó del amor ni de la providencia divina, ni siquiera en el momento más doloroso de la cruz.

 

 

La Emuná se cultiva día a día:

 

  • Orando con confianza, sabiendo que Dios escucha y responde en Su tiempo.
  • Agradeciendo en todo momento, porque cada circunstancia es parte de Su propósito.
  • Caminando sin temor hacia el futuro, porque es Dios quien guía cada paso.

 

 

Cuando vivimos en Emuná, el alma descansa, el corazón se aquieta y la vida se llena de sentido. Entonces comprendemos que la fe no es solo una creencia, sino una forma de vivir, una manera de amar y una entrega constante que nos transforma desde lo más profundo.

El Sentido de la Vida

 

En lo profundo del corazón humano habita una pregunta silenciosa que nunca deja de latir:


¿para qué vivimos?

 

No importa cuánto tengamos, cuánto logremos o hasta dónde lleguemos,
si no comprendemos el sentido de nuestra existencia,
la vida se vuelve un camino sin dirección,
una búsqueda sin descanso,
un anhelo que nada logra saciar.

 

Porque no hemos venido a este mundo solo a pasar los días,
ni a sobrevivir entre metas y preocupaciones,
sino a descubrir una verdad más alta:
que la vida tiene un propósito eterno.

 

Cuando comenzamos a mirar más allá de lo visible,
cuando el alma despierta y se atreve a preguntar,
se abre ante nosotros un sendero nuevo,
capaz de transformar nuestra manera de pensar, sentir y vivir.

 

Este es un viaje hacia el centro del ser,
hacia el lugar donde nace la fe,
donde el corazón aprende a confiar
y la existencia encuentra su verdadero rumbo.

 

Si alguna vez te has preguntado cuál es el sentido de tu vida,
este camino también es para ti.


Sigue leyendo… 


tal vez aquí encuentres la respuesta que tu alma ha estado buscando.

 
 

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