
Jesús nos invita a reflexionar en nuestro camino diario y a alinearnos con la voluntad de Dios, mostrándonos las consecuencias de nuestras decisiones.
Por eso, detente a meditar en las enseñanzas de Jesús antes de actuar, y procura seguir el propósito divino.
Pide al Espíritu Santo que te guíe y te llene de amor, para que se disuelva toda tendencia negativa en tu interior.
Dios te acompaña y te sostiene en el camino que elijas, pero te impulsa a escoger el camino de la vida.
Elige con sabiduría.
Discernir el interior
Alinearnos a la voluntad de Dios es vivir como Jesús nos enseñó, pues Él reveló los secretos de la cábala de una forma simple y viva.
Este mensaje nos invita a volver la mirada hacia dentro, a hacer introspección y revisar nuestros pensamientos, emociones y acciones, para discernir si estamos caminando en la Luz o en la sombra.
Jesús nos enseña que el alma tiene señales, igual que el cielo tiene nubes y vientos.
Cuando sentimos turbación o enojo, es el soplo de Guevurá, que nos llama a detenernos.
Y cuando sentimos paz, ternura o claridad, es Jesed, la misericordia divina, que nos guía de regreso al equilibrio.
Revisarnos interiormente es una forma de justicia espiritual: juzgarnos a nosotros mismos antes de ser juzgados por la vida.
Cada vez que reconocemos un error y lo corregimos con amor, cumplimos con nuestro tikkun, la reparación del alma.
Dios no nos pide perfección, sino conciencia.
Porque cuando aprendemos a discernir los tiempos de nuestra alma, caminamos en armonía con el propósito divino, y la Luz Infinita (Ein Sof) nos envuelve con su paz.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,54-59):
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer? Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.»
Palabra del Señor.