Esperar en Dios es comprender que solo Él conoce lo que verdaderamente necesita nuestra alma para alcanzar la salvación. Por eso, debemos crecer en la fe y aprender a aceptar su santa voluntad mientras peregrinamos por esta vida terrenal. Así, al seguir los pasos de Jesús, escuchando y aplicando sus enseñanzas en nuestro vivir cotidiano, si Dios así lo dispone, seremos sanados por medio de Él.

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“Enderezar el alma”

Alinearnos a la voluntad de Dios es vivir como Jesús nos enseña,
pues Él reveló los secretos de la cábala con la simplicidad del amor.
En el acto de sanar a la mujer encorvada, Jesús no solo endereza su cuerpo,
sino que despierta su neshamá, el alma divina que había olvidado mirar al cielo.

El sábado representa el reposo de la Creación,
el instante en que el alma y el Creador vuelven a ser uno.
Pero aquella mujer estaba curvada, mirando siempre hacia el polvo,
atrapada en el klipá, la cáscara de las limitaciones humanas.
Jesús, con su palabra, rompe la cáscara y revela la chispa interior:
“Queda libre de tu enfermedad.”

En ese gesto, nos enseña que el verdadero descanso sabático
no es la quietud del cuerpo, sino la liberación del alma.
Cuando Jesús toca, no solo sana la carne,
sino que despierta la conciencia que habita dormida en la materia.
Él nos recuerda que cada uno de nosotros está llamado a enderezarse,
a elevar su mirada y conectar con la Luz Infinita, el Or Ein Sof,
que siempre espera ser revelada en nosotros.

Así, esperar en Dios no es pasividad,
sino fe activa que disuelve el peso del ego
y abre el canal por donde fluye la sanación.
Y si Dios quiere, por medio de Jesús —el canal de la Luz Verdadera—,
también nosotros seremos liberados y enderezados,
para caminar nuevamente hacia el cielo,
erguidos en espíritu, redimidos en alma.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,10-17):

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.»
Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?»
A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Palabra del Señor.