
Dios quiere que vivas alegre.
Vive sabiendo que hay una vida eterna; por eso, lleva una vida espiritual con gozo constante, porque eso es lo que agrada y te acerca a Dios.
Que el engaño que ofrece el dinero no confunda tu actuar, para que no pierdas tu fe.
Quien cree en Jesús, cree en la vida eterna y está seguro de que, en esta vida terrenal, «Dios proveerá».
Palabra del Señor.
La verdad que no puede ser sellada
En el Evangelio de Mateo (28,8-15), se revela un misterio profundo: la Luz no puede ser contenida por la piedra, ni la verdad puede ser silenciada por el miedo.
Desde la mirada de la cábala, entendemos que toda revelación de Luz genera una resistencia equivalente. Cuando la verdad desciende al mundo, despierta tanto fe como oposición. Así, mientras unas almas corren con temblor y alegría —porque han tocado la certeza del Or Ein Sof manifestado— otras intentan cubrir la realidad con narrativas que preserven su ilusión de control.
Pero el alma que ha visto, ya no puede “volver atrás”.
Jesús, como canal de la Luz divina, nos enseña que la verdadera vida no depende de lo que los hombres digan, sino de lo que el alma reconoce. La resurrección no es solo un evento: es una activación espiritual. Es el despertar de la conciencia que entiende que la muerte, el miedo y la mentira no tienen dominio sobre quien vive en conexión con Dios.
El dinero, el poder o la manipulación —como intentos de distorsionar la verdad— son solo velos del Sitra Ajra, sombras que buscan retrasar el tikkun del alma. Pero quien permanece en fe, en alegría y en certeza, trasciende esas sombras.
Vivir alegre, entonces, no es ingenuidad: es una declaración espiritual. Es afirmar que la Luz ya venció, que Dios provee, y que la vida eterna no es promesa lejana, sino una realidad que comienza en el corazón que cree.
Porque al final, la verdad no necesita defenderse… solo necesita ser vivida.