¿Decimos amar a Jesús, pero guardamos sus mandamientos?

Jesús nos revela el secreto de su amor, del amor del Padre y del conocimiento de la verdad: vivir conforme a sus mandamientos.

La verdad la conocerás cuando permitas que Jesús se manifieste en ti.

Que tengas una vida feliz bajo la bendición de Dios, y que Jesús sea tu guía en este caminar hacia la redención.

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,15-21):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor.

 

Permanecer en el Amor de Dios

Jesús nos enseña que el verdadero amor no vive solamente en las palabras, sino en la transformación del alma. Amar a Jesús es caminar conforme a sus mandamientos, porque cada mandamiento es una puerta espiritual que nos acerca nuevamente a la Luz de Dios.

En la sabiduría de la cábala se comprende que el alma se aleja del Creador cuando vive esclava del ego, del miedo y de los deseos desordenados del mundo. Por eso Jesús nos habla de guardar sus enseñanzas, porque sus palabras tienen el poder de rectificar el corazón y despertar la chispa divina que habita en nuestro interior.

Cuando Jesús dice que no nos dejará huérfanos, revela un misterio profundo: la presencia de Dios nunca abandona al alma que lo busca con sinceridad. El Espíritu de verdad desciende sobre aquel que abre su corazón y permite que la Luz transforme su manera de pensar, sentir y vivir.

La verdadera revelación no ocurre solamente en el entendimiento, sino en la conciencia. Hay personas que escuchan el mensaje de Jesús, pero continúan dormidas espiritualmente; mientras que otros permiten que su palabra penetre el alma y produzca una nueva creación dentro de ellos.

Conocer la verdad no significa acumular conocimiento, sino vivir en comunión con Dios. Por eso Jesús se manifiesta a quienes lo aman y guardan sus mandamientos, porque el amor verdadero abre el alma para recibir la presencia divina.

Cada acto de amor, cada momento de humildad, cada vez que vencemos la oscuridad interior, acercamos nuestra alma al propósito eterno para el cual fue creada. Allí comienza el camino de la redención: cuando Cristo deja de ser solamente alguien a quien admiramos y se convierte en una presencia viva que habita dentro de nosotros.