
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado».
El gran secreto que encierra este mandamiento es la ley espiritual de medida por medida. Por eso Jesús resume en un solo mandamiento la manera en que debemos actuar. No hagáis a otros lo que no queréis que hagan con vosotros; más bien, haced el bien, porque todo lo que haces con amor regresará a ti.
Habéis escuchado el dicho: «La intención es lo que cuenta». Entonces, procura que tus intenciones sean buenas, porque eso mismo es lo que vuelve a tu vida.
Está escrito en Gálatas 6:7:
«No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará».
Por eso, ama a tu prójimo como lo haría Jesús.
Lectura del santo evangelio según san Juan (15,12-17):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».
Palabra del Señor.
El amor que revela la presencia de Dios
Jesús nos entrega un mandamiento que contiene uno de los secretos espirituales más profundos del universo: amar como Él nos amó.
No se trata solamente de sentir afecto por los demás, sino de vivir conscientes de que cada acto, pensamiento e intención genera una resonancia espiritual. En la sabiduría de la cábala se enseña que todo lo que el hombre emite hacia la creación vuelve a él, porque el alma cosecha aquello que siembra en el mundo visible e invisible.
Por eso Jesús nos llama a amar incluso cuando el ego desea responder con orgullo, juicio o dureza. Amar rompe las cadenas de la oscuridad interior y permite que la luz de Dios fluya a través de nosotros.
Cuando Jesús dice: «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando», nos revela que la verdadera amistad con Dios no nace de rituales vacíos, sino de caminar en Su misma naturaleza. Y la naturaleza de Dios es amor, misericordia y vida.
Cada vez que haces el bien, bendices, perdonas o ayudas a otro, tu alma se expande y se acerca más al propósito por el cual fue creada. Porque quien ama como Jesús, se convierte también en portador de la presencia del Padre.
El amor verdadero no es debilidad; es la fuerza espiritual más poderosa que existe. Es la llave que transforma la realidad, sana el corazón y abre caminos donde antes solo había oscuridad.
Por eso Jesús nos enseña:
«Amaos unos a otros como yo os he amado».
Porque en ese amor habita Dios.