
La fe es creer en Dios, confiar en que tiene un plan perfecto para ti y que todo lo que sucede en esta vida terrenal es parte de su voluntad para tu bien.
Jesús, el Cristo, Hijo de Dios, ha venido para ser tu guía y único maestro en este camino hacia la vida en el Reino de Dios.
¿Le crees a Jesús?
Ten fe y permite que Jesús se encarne en ti, convirtiéndote en la Palabra de Dios.
Si deseas una vida plena, vive en Cristo Jesús, sigue sus mandamientos y medita en la voluntad de Dios.
Que la paz del Señor Jesucristo esté contigo.
Cuando la Luz es rechazada por la costumbre
La Luz siempre llega envuelta en sencillez. No irrumpe con estruendo ni exige reconocimiento; se manifiesta con la humildad de lo cotidiano. Sin embargo, el corazón humano, atrapado en la inercia de la costumbre, muchas veces no sabe reconocer la Presencia cuando esta habita cerca.
La cábala enseña que la Luz del Creador desciende por medio de recipientes. La Luz es infinita, pero el recipiente —el kli— determina cuánto puede revelarse. Cuando el recipiente está cerrado por el juicio, la familiaridad o el orgullo, la Luz no desaparece: simplemente no puede ser contenida.
Hay almas portadoras de una misión elevada, chispas de Or Ein Sof enviadas para despertar a otros. Sin embargo, cuando esas chispas se manifiestan en rostros conocidos, en voces familiares, el yetzer hará susurra: “¿Cómo puede venir la sabiduría de alguien que ya conocíamos?”. Así, el juicio nubla la visión y la Luz es rechazada no por su ausencia, sino por su cercanía.
La cábala revela que la fe no es un acto pasivo, sino un trabajo interior. Es la expansión del recipiente. Donde hay emuná, la Luz fluye; donde hay duda endurecida, el flujo se detiene. No porque la Luz sea limitada, sino porque el recipiente se ha vuelto estrecho.
El rechazo espiritual no nace de la falta de milagros, sino de la falta de apertura. La mente que cree saberlo todo se convierte en una muralla. El alma que se abandona en confianza se convierte en un canal. Por eso, la incredulidad no bloquea al Creador; bloquea al ser humano.
En la dinámica del tikkun, cada encuentro con la Verdad es una oportunidad de corrección. Cuando la Verdad es despreciada, el tikkun se posterga. No se pierde, pero se retrasa. El cielo respeta el libre albedrío incluso cuando este elige cerrar la puerta.
La cábala nos recuerda que la Shejiná habita allí donde es acogida. No entra por la fuerza. Espera ser invitada. La fe es esa invitación silenciosa que ensancha el alma y permite que lo divino se revele en lo humano.
Quien reconoce la Luz, aunque venga envuelta en humildad, se transforma en recipiente vivo. Quien la rechaza por costumbre, permanece en la sequedad del juicio. No porque la Luz no esté presente, sino porque el corazón ha decidido no verla.
El verdadero obstáculo no es la ausencia de Dios, sino la familiaridad que anestesia el asombro. Y allí donde el asombro muere, la fe deja de respirar.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,1-6):
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»
Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
Palabra del Señor.
La Fe que Transforma
Jesús regresó a su tierra, Nazaret, y comenzó a enseñar en la sinagoga. Muchos de los que lo escuchaban se asombraban de su sabiduría y de los milagros que obraba, pero en lugar de aceptar su mensaje con fe, se dejaban llevar por la incredulidad. “¿No es este el carpintero, el hijo de María?”, murmuraban entre ellos, dudando de que alguien tan cercano y familiar pudiera ser el Mesías.
Este episodio nos revela una gran verdad: la falta de fe nos ciega y nos impide recibir las bendiciones de Dios. Jesús quería obrar milagros en su pueblo, pero su incredulidad lo limitó. No porque su poder dependiera de ellos, sino porque Dios respeta nuestra libertad y no se impone a un corazón que lo rechaza.
Hoy en día, muchos pueden caer en la misma trampa. Podemos conocer a Jesús de nombre, escuchar su palabra e incluso admirar su enseñanza, pero si no abrimos nuestro corazón con fe, nos quedamos como aquellos habitantes de Nazaret: sorprendidos, pero sin transformación.
Por eso, la fe es lo que necesitas. Creer en Dios no es solo aceptar su existencia, sino confiar plenamente en su amor y en su plan perfecto para tu vida. Significa rendirse a Él, aunque no siempre entendamos sus caminos. Es dejar que Jesús sea nuestro Maestro y permitirle encarnarse en nosotros, transformándonos en instrumentos vivos de su Palabra.
¿Le crees a Jesús?
No caigas en la incredulidad de aquellos que vieron a Jesús con sus ojos, pero no lo reconocieron con su corazón. Ten fe, vive en Cristo y confía en que su voluntad es para tu bien. Solo así experimentarás la paz y la plenitud que vienen de Dios.
Que el Señor Jesucristo fortalezca tu fe y haga grandes obras en tu vida.
Gloria a ti señor Jesús 🙏