Jesús nos enseña que todo proviene de Dios y nos revela la importancia de vivir según Su Palabra para cumplir Su voluntad. A través de parábolas y ejemplos, nos muestra el modelo de vida que estamos llamados a seguir.

Esfuérzate por reflejar en tus acciones la vida de Jesús y conviértete en un instrumento de Dios en la creación. Vive con conciencia, siguiendo Su ejemplo, para que, al dejar este mundo, puedas alcanzar la vida eterna junto a Él.

¿Cómo aplicas el modelo de Jesús en tu vida cotidiana?

Cuando el alma se alinea con la Voluntad

Existe un misterio profundo en el obrar del alma: nada nace de

 sí misma cuando está en verdad despierta. Todo flujo proviene de la Fuente, del Ein Sof, que emana sin cesar hacia la creación. El alma que comprende esto deja de luchar por imponer su propia voluntad y comienza a afinarse como un canal, como un recipiente dispuesto a recibir y transmitir la Luz.

En la sabiduría de la cábala, se nos revela que el verdadero equilibri

o ocurre cuando el deseo de recibir se transforma en deseo de compartir. Así, el alma deja de actuar desde la separación y entra en devekut, en adhesión con la Voluntad divina. En ese estado, no hay fragmentación: pensamiento, palabra y acción se alinean como las sefirot en su orden perfecto, permitiendo que la energía fluya sin distorsión.

Quien vive de esta manera comprende que no actúa por impulso propio, sino como extensión de una Voluntad superior. No es anulación, es integración. No es pérdida de identidad, es su redención. Porque al soltar el control del ego —ese velo que oculta la Luz— el alma accede a una percepción más alta, donde cada acción se convierte en un acto de tikún, una reparación consciente de la creación.

Hay, sin embargo, una ley espiritual: aquello que el alma siembra desde su intención, eso mismo despierta en los mundos superiores. La conciencia no solo observa la realidad, la modela. Por eso, vivir alineado no es solo un estado de paz, es una responsabilidad sagrada. Cada elección abre o cierra canales, cada intención revela o encubre la Luz.

El alma que escucha, que se aquieta y se dispone, comienza a percibir el susurro de lo Alto. Ya no actúa desde la prisa ni desde el juicio, sino desde una certeza silenciosa. Y en esa quietud activa, descubre que la vida no es algo que se controla, sino algo que se revela.

Así, el verdadero poder no está en hacer, sino en permitir que la Luz haga a través de uno. Y en ese fluir, el alma deja de ser un recipiente vacío y se convierte en un canal vivo de la Presencia.

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
Palabra del Señor.

 

El Propósito Divino y la Justicia de Dios

En el evangelio de Juan (5,17-30), Jesús nos revela una verdad profunda: todo lo que Él hace proviene del Padre, y el Padre le ha dado autoridad para juzgar y dar vida. En estas palabras hay un mensaje poderoso sobre el propósito divino, la justicia y el equilibrio del universo, principios que también encontramos en la sabiduría de la cábala.

Según la cábala, el mundo funciona bajo la ley de Middah Keneged Middah (medida por medida), es decir, cada acción genera una consecuencia acorde a su naturaleza. Esta es la base de la justicia divina: el bien atrae bendiciones, y el pecado genera obstáculos y tribulaciones. No es que Dios castigue, sino que el universo, creado con equilibrio perfecto, responde de acuerdo con nuestras propias elecciones.

Jesús nos enseña que el juicio de Dios es justo porque no busca su propia voluntad, sino la del Padre. En términos cabalísticos, esto refleja la sefirá de Tiferet, el equilibrio entre la misericordia (Jesed) y la severidad (Guevurá). Dios es compasivo, pero también justo; otorga oportunidades para corregir nuestros caminos, pero no anula las consecuencias de nuestras decisiones.

Si hoy enfrentas dificultades, es un llamado a la introspección. ¿Has estado alineando tu vida con la voluntad de Dios? ¿Has sembrado amor, justicia y verdad? La buena noticia es que Dios también es Redentor. Aunque nuestras acciones pasadas nos hayan traído tribulaciones, Su misericordia nos da la posibilidad de reparar, de hacer Tikkun, de transformar la oscuridad en luz.

Jesús nos muestra el camino: vivir en obediencia al Padre, no según nuestros impulsos o deseos egoístas. Cuando seguimos su ejemplo, nos alineamos con el flujo divino y atraemos vida en abundancia.

Hoy es un día para reflexionar: ¿Estoy viviendo según la voluntad de Dios? ¿Estoy sembrando lo que deseo cosechar? Recuerda que cada elección es una semilla en el campo de la eternidad.

Que nuestras acciones reflejen la luz del Creador, para que al final, como dice Jesús, pasemos de la muerte a la vida.