
¡Fe es todo lo que necesitas!
Dios, en su inmenso amor por nosotros, nos revela el camino hacia su Reino y nos envía a Jesús como guía en nuestra travesía hacia la redención.
Debes saber que es Dios quien todo lo puede. Acércate a Él, tu Padre bondadoso, guiado por Jesús, y confía plenamente en su amor.
Ten en cuenta que Dios es tan bueno que te conduce por el camino que tú decides seguir. Por eso, es mejor escoger el camino de la vida y comenzar a vivir en el amor.
Revisa tus pensamientos y sé consciente de que sean positivos, porque ese es el sendero por el cual el Señor te llevará.
Basta la fe para abrir la puerta de la vida
La fe no es una idea ni un consuelo del alma; la fe es una fuerza viva que pone en movimiento los mundos. En la cábala, la fe —emuná— no se limita a creer, sino a alinearse con la Voluntad divina y actuar desde ella. Donde hay fe verdadera, hay acción; y donde hay acción nacida de la fe, el flujo de la vida se restablece.
El alma que ora no huye de la realidad: la toca. Orar es acercarse, es atravesar el velo, es extender la mano hacia la Fuente. Cuando el corazón se dirige con confianza al Creador, se produce un despertar en los mundos superiores, y la abundancia —shefá— comienza a descender. No por mérito, sino por conexión.
La cábala enseña que la Luz siempre está presente, pero solo se revela allí donde hay un recipiente dispuesto. La fe es ese recipiente. Basta con creer, sí, pero creer de verdad: creer con el cuerpo, con la decisión, con el paso que se da aun cuando todo parece perdido. La fe se prueba cuando el alma se mueve hacia la Luz, no cuando espera inmóvil.
Pedir desde la fe es ya una forma de recibir. Dirigir el corazón, pronunciar el deseo, acercarse con confianza, es abrir un canal entre el mundo visible y el mundo oculto. La oración no es insistencia, es adhesión. Es devekut: unión profunda con Dios, donde el miedo se disuelve y la vida vuelve a brotar.
Cuando el ser humano actúa desde la fe, rompe las cadenas del juicio —din— y despierta la misericordia —rajamim. Lo que estaba dormido se levanta, lo que parecía muerto recupera aliento, porque la Luz no abandona a quien se atreve a confiar.
Por eso basta la fe. Basta acercarse. Basta tocar con el alma.
Porque donde hay fe viva y oración sincera, la vida responde.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43):
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿Quién me ha tocado?»»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.
Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.
Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le djo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor.
Elige el camino de la fe y la esperanza
En el Evangelio de Marcos (5,21-43), encontramos dos momentos clave que nos enseñan el poder de la fe y la importancia de nuestra actitud ante la vida.
Por un lado, está la mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años. Había probado todo tipo de soluciones sin éxito, pero en lugar de rendirse a la desesperanza, eligió creer. Ella pensó: “Si logro tocar aunque sea su manto, quedaré sana” (Marcos 5,28). Fue su fe y su convicción en el poder de Jesús lo que la sanó. No se dejó dominar por la duda ni por la negatividad de su enfermedad, sino que eligió la esperanza y la acción.
Por otro lado, está la historia de Jairo, el jefe de la sinagoga, quien se enfrenta a la peor noticia: su hija ha muerto. En ese momento, Jesús le dice unas palabras llenas de poder: «No temas; basta que tengas fe» (Marcos 5,36). Jairo tenía dos caminos: dejarse llevar por la tristeza y la desesperanza o confiar en Jesús. Eligió creer, y por su fe, su hija fue devuelta a la vida.
Ambas historias nos enseñan que Dios nos acompaña en el camino que elegimos. Si elegimos el miedo, la duda y la negatividad, nos sumergimos en la incertidumbre. Pero si escogemos la fe, la esperanza y el pensamiento positivo, abrimos la puerta a los milagros de Dios. Tener fe no significa que siempre obtendremos lo que queremos, sino que aceptamos su voluntad con confianza.
El pensamiento positivo en la fe no es un simple optimismo humano; es una certeza espiritual. Así como la mujer creyó en su sanación y Jairo confió en Jesús, nosotros también podemos elegir mirar la vida con esperanza y confiar en que Dios nos guía por el mejor camino.
Hoy, toma una decisión: ¿qué pensamientos alimentarás en tu corazón? Escoge la fe, la esperanza y el amor. Dios siempre camina contigo.
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Gloria a ti señor Jesús 🙏