En el ajetreo diario de nuestras vidas, es fácil perder de vista lo que realmente importa. Nos vemos inmersos en una rutina interminable de compromisos, metas terrenales y preocupaciones mundanas. Sin embargo, el evangelio de Lucas nos ofrece una sabia lección que merece nuestra atención: la importancia de la salvación del alma.

En Lucas 10, 38-42, se nos relata la historia de Marta y María. Marta, ocupada con las tareas cotidianas, se preocupa por los afanes de la vida terrenal. Por otro lado, María se sienta a los pies de Jesús, escuchando sus enseñanzas. Marta se queja de que su hermana no la ayuda, pero Jesús responde: «Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas; y solo una cosa es necesaria. María ha escogido la buena parte, que no le será quitada» (Lucas 10, 41-42).

Esta breve narrativa nos recuerda que en medio de nuestras ocupaciones mundanas, a menudo nos olvidamos de lo espiritual, de lo que realmente importa: la salvación del alma. Jesús nos enseña que dedicar tiempo para entrar en comunión con Él, para reflexionar sobre nuestras vidas y para examinarnos a nosotros mismos es fundamental.

Es necesario que nos apartemos de nuestros afanes y nos sumerjamos en un proceso de introspección. ¿Quiénes somos realmente? ¿Estamos viviendo de acuerdo con las enseñanzas de Jesús? El Maestro nos ha dado un camino claro hacia la vida eterna: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo» (Lucas 10, 27).

Esta es la esencia de la salvación del alma: amar a Dios y amar a nuestros semejantes. Si nuestros actos dañan a otros o los perjudican, no estamos viviendo en amor. Debemos recordar que somos responsables de nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones. La hipocresía no tiene cabida en este camino espiritual, ya que Dios todo lo ve.

En última instancia, la historia de Marta y María nos enseña que, aunque las responsabilidades terrenales son importantes, no debemos dejar que nos distraigan de lo que realmente importa: la búsqueda de la vida eterna a través del amor y la obediencia a las enseñanzas de Jesús.

En conclusión, recordemos que, en medio de la vorágine de la vida cotidiana, solo una cosa es necesaria: la salvación del alma. Dediquemos tiempo a entrar en comunión con Jesucristo, a examinarnos a nosotros mismos y a vivir en amor, siguiendo sus enseñanzas. Solo así podremos ganar la vida eterna que tanto anhelamos.

 

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