Jesús nos enseña la voluntad de Dios, formándonos en la fe.
La fe es creer en Dios y confiar en que todo lo que nos sucede en esta vida terrenal es para el bien de nuestra alma.
Por eso, acepta todo lo que te pasa con amor y vive tu vida siguiendo la Palabra de Dios.

¿Quieres tener una vida buena en este mundo?
Haz siempre el bien.

Recuerda siempre: sin pecado, no hay tribulaciones.

Observa a tu alrededor y contempla la grandeza de Dios en todo lo que te rodea.
Da gracias por todo, no necesitas más signos de amor.

Si lo que quieres es que el Señor haga un milagro en ti, deposita en Él tu confianza y amor.
Y cuantas veces sea necesario, repite:
«Jesús, yo confío en ti».

La Señal Verdadera: La Luz Interior que Transforma

En el Evangelio de Lucas (11,29-32), Jesús habla de una generación que busca señales, pero no recibe más que la señal de Jonás. Este mensaje resuena profundamente con la sabiduría de la cábala, donde se enseña que la verdadera transformación no proviene de milagros externos, sino del despertar de la luz interior.

En la cábala, la búsqueda de señales externas se asocia con la inmadurez espiritual. El Zóhar explica que el propósito del ser humano es revelar la luz oculta dentro de sí mismo, no depender de intervenciones externas. La historia de Jonás simboliza este proceso: él intenta huir de su misión, pero al final comprende que la única forma de redimir su destino es asumir su responsabilidad y alinear su voluntad con la de Dios.

En la vida cotidiana, muchas veces pedimos pruebas para creer, señales para confirmar el camino, pero la enseñanza cabalística nos invita a comprender que la luz divina ya está en nosotros. No necesitamos buscar señales espectaculares; en cambio, debemos refinar nuestra conciencia y elevar nuestra percepción espiritual para ver la verdad que ya está presente.

El Talmud nos dice: «No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos». Si nuestra alma está en oscuridad, no importa cuántas señales aparezcan, no las reconoceremos. Por eso, el trabajo espiritual consiste en limpiar nuestro interior, transformar el ego en humildad, el miedo en fe y la duda en certeza.

La invitación de Jesús en este pasaje es clara: en lugar de buscar señales externas, trabajemos en nuestra conexión con Dios, en la expansión de nuestra luz interior. Así, en lugar de esperar milagros, nos convertimos en milagros vivientes, testigos de la grandeza divina a través de nuestras acciones, pensamientos y fe.

Que en nuestra vida no seamos como aquellos que buscan señales para creer, sino como aquellos que, con su fe y su transformación, se convierten en la señal misma de la presencia de Dios en el mundo.

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Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,29-32):
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús,
y él se puso a decirles:
«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».
Palabra del Señor.

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