
Jesús nos enseña la voluntad de nuestro Padre Celestial, regalándonos un corazón nuevo para aprender a ser felices.
Vive con alegría, porque esa es la voluntad de Dios: que seas feliz, viviendo con gozo y dando gracias en todo lugar y en todo momento.
Acepta todo con amor y permanece en la alegría.
Jesús habla en imágenes simples que esconden océanos de sentido. Cuando menciona el vino y los odres, no describe solo una costumbre antigua, sino una ley espiritual: nada nuevo puede habitar en lo que no ha sido transformado. El vino necesita vasijas nuevas, porque lo vivo expande, fermenta y desborda lo rígido.
En la sabiduría de la cábala se nos enseña que el ser humano es una vasija. No una vasija de barro inerte, sino un recipiente de conciencia. Aquello que recibimos —luz, verdad, vida— depende de la forma y la pureza de nuestra vasija interior. El vino, entonces, es la conciencia renovada, la comprensión viva de la voluntad de Dios que Jesús trae al mundo. No es solo enseñanza: es una manera nueva de ser.
Por eso, Jesús no remienda lo viejo; transforma desde la raíz. No adapta el corazón antiguo, lo vuelve nuevo. Cambia la conciencia para que pueda contener la alegría, la gratitud y la plenitud sin romperse. Quien intenta recibir esta vida nueva sin cambiar su interior, pierde tanto el vino como la vasija.
Seguir a Jesús es permitir que nuestra vasija sea recreada, que nuestra conciencia se expanda y se vuelva flexible a la luz. Es caminar con gozo, no por obligación, sino porque el corazón ha sido renovado. Así se cumple la promesa: “al que siga el buen camino verá la salvación de Dios”.
La alegría no es un adorno espiritual; es la señal de una vasija sana. Allí donde hay conciencia renovada, el vino fluye sin derramarse, y la vida se vuelve un canto silencioso de gratitud.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,18-22):
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó: «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»
Palabra del Señor.