
Jesús nos enseña, con su propio ejemplo, a confiar plenamente en Dios, pues ha venido al mundo para liberarnos de toda medida humana.
Confía en Dios y vive con coherencia en el amor.
El amor que libera la Ley
La fe no nace del rigor de la norma, sino del pulso vivo del amor.
En la cábala, la Ley no es un yugo, sino un canal: un kli preparado para recibir la Luz. Cuando ese recipiente se vacía de compasión, la Luz se retira y la práctica se vuelve dura, estéril, humana en el peor sentido.
Jesús revela este secreto al corazón del hombre: el Shabat fue hecho para el ser humano, no el ser humano para el Shabat. La forma existe para custodiar la vida, no para sofocarla. Cuando la regla aplasta al alma, deja de servir al propósito del Creador. Allí ya no hay tikkun, solo fragmentación.
Amar al hombre —y comenzar por uno mismo— es restituir el orden oculto. El amor propio sano no es orgullo, es reconocimiento de la chispa divina que habita en nosotros. Desde ahí brota la verdadera emunah: una confianza que no acusa, que no mide, que no compara. Quien se juzga sin misericordia termina juzgando al mundo; quien se reconcilia consigo mismo, libera también a los demás.
Vivir la fe es caminar ligeros, sin la carga del juicio. Es permitir que la Shejiná repose en nuestros actos cotidianos. Donde hay amor, la Ley respira. Donde hay misericordia, el alma se expande. Y donde el hombre es amado, allí Dios se revela.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,23-28):
Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.
Los fariseos le dijeron: «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les respondió: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»
Y añadió: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado.»
Palabra del Señor.
Reflexión inspirada en Marcos (2,23-28)
En este pasaje, los discípulos de Jesús recogen espigas en sábado, y algunos cuestionan su conducta por romper las normas establecidas. Jesús responde recordándonos que “el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado.”
Este gesto va más allá de un simple reglamento sobre el día de descanso. Lo que Dios desea es que seamos misericordiosos, no solo con los demás, sino también con nosotros mismos. Cuando nos aferramos rígidamente a normas humanas sin entender el propósito profundo —el bien y la libertad de la persona— perdemos de vista el auténtico sentido de la ley divina, que es amar y servir con compasión.
En lugar de sentirnos atados a obligaciones externas, Jesús nos enseña que el día de descanso —así como todas las prácticas de la fe— existe para nuestro crecimiento y paz interior. Nos invita a reflexionar si actuamos por temor o por amor; si cumplimos normas para jactarnos de justicia o para acercarnos al corazón misericordioso de Dios.
Al final, vivir en misericordia implica reconocer nuestra necesidad de descanso, sanación y relación con Dios. Solo así podremos extender a los demás la ternura que el Creador tiene con cada uno de sus hijos.
Gloria a ti señor Jesús 🙏 Amén