
Dios, en su gran misericordia, nos envió a Jesús para enseñarnos la sabiduría de su palabra y el camino a la vida eterna.
Por eso vive como un justo, sin importar lo que los otros piensen de ti.
Así tendrás la seguridad de que estás tomando el camino de la vida.
Lo que debes saber es que Dios te lleva por el camino que tú escojas; entonces, mejor escoge la vida y vive en amor.
Dios te lleva por el camino que eliges
En el silencio donde el alma se encuentra consigo misma, Dios coloca ante nosotros múltiples caminos. No obliga, no empuja, no impone. Observa con ternura la inclinación del corazón y, según esa elección, abre senderos invisibles. Así, el rumbo de la vida no nace del azar, sino del misterio profundo del libre albedrío, donde la voluntad humana y la voluntad divina se entrelazan sin romperse.
La cábala enseña que cada ser humano camina por los senderos del Árbol de la Vida, ascendiendo o descendiendo entre las sefirot según la calidad de su conciencia. Cada pensamiento siembra, cada palabra construye, cada acción traza un nuevo tramo del camino. Nada es neutro: todo deja huella, todo despierta resonancias en los mundos superiores.
Cuando el alma elige el amor, se alinea con Jésed, y la misericordia fluye como un río que limpia las heridas antiguas. Cuando elige la verdad, se armoniza con Tiferet, y el corazón encuentra equilibrio, belleza y paz. Cuando elige la justicia, se fortalece en Guevurá, aprendiendo a poner límites con sabiduría y no con dureza. Pero cuando elige el miedo, la ira o el ego, se aleja de la luz y desciende por senderos densos, donde la conciencia se estrecha y el alma se entristece.
Dios no abandona ninguno de estos caminos. Permanece fiel, incluso cuando el alma se extravía. Sin embargo, no cambia la dirección que hemos decidido. Él nos acompaña por el sendero que escogemos, respetando la sagrada dignidad de nuestra libertad. Por eso, cada elección es una oración silenciosa, una declaración profunda sobre quiénes somos y hacia dónde deseamos ir.
Elegir la vida es elegir la expansión del alma. Es permitir que las chispas divinas ocultas en lo cotidiano sean liberadas mediante el tikkun. Es transformar lo simple en sagrado, lo ordinario en eterno, lo frágil en eterno aprendizaje. Es caminar sabiendo que cada paso puede sanar o herir, construir o destruir, elevar o hundir.
El justo no es quien nunca cae, sino quien, al caer, vuelve a elegir la luz. Su camino no es perfecto, pero es sincero. Avanza con el corazón abierto, dejando que la Shejiná repose sobre sus pasos y que la Presencia divina ilumine su andar. Así, incluso las pruebas se transforman en portales, y las heridas en semillas de redención.
Dios te lleva por el camino que eliges.
Por eso, elige el amor.
Elige la verdad.
Elige la vida.
Y el sendero que traces con tu libertad se convertirá en un altar donde el cielo y la tierra se abrazan.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37):
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:
no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Palabra del Señor.