
Seguir a Jesús es el camino para conocer y volver a Dios, nuestro Padre celestial.
Si lo crees, verás cosas mayores.
Este es el sendero de la fe: creer en Jesús, seguir sus enseñanzas, sabiendo que Dios es perfecto y que no puede ser burlado.
Y si has caído o te has desviado del camino, siempre puedes regresar. Jesús, en su infinita misericordia, te recibe de nuevo con amor.
Verás el cielo abierto
Seguir a Jesús no es solo andar tras un maestro: es responder a un llamado que ya estaba inscrito en el alma antes del tiempo. En la cábala, nada ocurre por azar; cada encuentro es una chispa que busca ser elevada. Cuando Jesús llama, no seduce con promesas vacías: despierta la memoria profunda del origen, el anhelo de volver al Padre.
Creer es el primer acto de reparación, el inicio del tikkún. No se trata de comprenderlo todo, sino de permitir que la fe abra un canal entre lo visible y lo oculto. Quien cree, aunque su fe sea pequeña, comienza a ver más allá del velo. Lo que parecía ordinario se llena de sentido, y lo cotidiano se convierte en señal.
Jesús revela que el cielo no está cerrado. En lenguaje de cábala, el flujo entre las sefirot vuelve a alinearse: lo alto y lo bajo se reconocen, y la misericordia desciende sin obstáculo. El alma que sigue este camino empieza a percibir cómo los ángeles —las fuerzas del orden divino— ascienden y descienden dentro de su propia vida, ordenando el caos y restaurando la armonía.
Este es el camino de la fe verdadera: caminar sin engaño, con el corazón dispuesto, sabiendo que Dios es perfecto y que la verdad no puede ser burlada. Quien cae no queda excluido; quien se desvía no queda perdido. Siempre existe retorno, porque la misericordia es una sefirá que nunca se agota.
Seguir a Jesús es aceptar que el cielo se abra ante nosotros. No como un espectáculo externo, sino como una revelación interior: Dios habita de nuevo en el hombre, y el hombre recuerda, por fin, de dónde viene y hacia dónde debe volver.
Lectura del santo evangelio según san Juan (1,43-51):
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme.»
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.»
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó: «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.